Volkswagen ha admitido que su estrategia de sustituir los controles físicos por superficies táctiles en sus coches eléctricos fue un error de enfoque. La compañía ha dado marcha atrás y ha comenzado a recuperar los botones tradicionales en sus nuevos modelos, tras las quejas de los clientes por la falta de intuición y seguridad.
Andreas Krepp, responsable de calidad de la marca, ha explicado que la industria partió de una premisa equivocada: que una nueva forma de propulsión debía ir acompañada de una nueva forma de interactuar con el automóvil. "En el caso de los vehículos eléctricos (incluso aquí, en nuestra empresa) surgió una idea: como se trata de algo nuevo, los controles también debían cambiar radicalmente y lucir un diseño especialmente moderno", ha señalado.
La apuesta por lo táctil no respondía a las preferencias reales
La decisión de eliminar mandos giratorios y botones convencionales se tomó sin suficiente respaldo de datos sobre los gustos de los compradores. Krepp reconoce que "ante la falta de datos fiables sobre los clientes, muchas veces simplemente se opta por experimentar". El resultado fue una serie de interiores que, pese a su apariencia tecnológica, complicaban operaciones básicas como regular la temperatura o el volumen.
Uno de los casos más criticados fueron los deslizadores táctiles, que en algunos de los primeros modelos ni siquiera estaban iluminados, lo que dificultaba su uso nocturno. También los mandos hápticos del volante recibieron quejas por carecer de la respuesta física inmediata de los botones tradicionales.
El ID. Polo marca el nuevo rumbo
La rectificación de Volkswagen se materializa en modelos como el ID. Polo, que incorpora botones específicos para determinadas funciones, un mando giratorio para el volumen y controles convencionales en el volante. También recupera interruptores individuales para las ventanillas, abandonando las soluciones minimalistas que habían generado críticas.
Krepp defiende que la compañía ha aprendido de la experiencia: "Escuchamos, tomamos en serio las opiniones de los clientes y actuamos en consecuencia". Ahora, la marca evalúa con más cautela dónde aporta valor un nuevo concepto de interfaz y dónde es mejor una solución intuitiva y probada.
La decisión de Volkswagen refleja una tendencia más amplia en la industria, donde algunos fabricantes están deshaciendo el camino de las pantallas gigantes para priorizar la ergonomía y la seguridad. La facilidad de uso y la posibilidad de accionar controles sin apartar la vista de la carretera vuelven a ganar peso frente a un enfoque puramente estético.
El responsable de calidad lo resume con una frase contundente: "Quienes compran un vehículo eléctrico buscan, ante todo, un sistema de propulsión diferente; no quieren comprar una nave espacial por el simple hecho de que sea eléctrico".
