Una misión arqueológica egipcia ha descubierto en el oasis de Dajla, en pleno desierto occidental, una tumba con forma de pirámide construida hace unos 1.700 años para un hombre y su mujer. En su interior conviven una escena que durante siglos estuvo reservada a los faraones, un poema fúnebre de 19 líneas escrito en griego antiguo y una moneda del emperador Constantino.
El Ministerio de Turismo y Antigüedades egipcio ha anunciado el hallazgo de una tumba de época romana con una arquitectura que, según el propio Consejo Supremo de Antigüedades, no tiene paralelo exacto en el resto de la necrópolis donde apareció. Se encuentra en Bir El-Shaghala, un yacimiento del oasis de Dajla, a unos 750 kilómetros al suroeste de El Cairo.
Una puerta sellada y un poema inesperado
La tumba, construida en ladrillo de adobe con forma de pirámide, se erigió para albergar los restos de un hombre y su esposa. Lo llamativo no es tanto su tamaño como su mezcla de elementos: fusiona convenciones estrictamente egipcias con inscripciones griegas y objetos de manufactura claramente romana, en un edificio funerario pensado para una familia particular y no para la realeza.
Se llega a la entrada por una escalera de 14 peldaños que desemboca en un vano de piedra arenisca construido al más puro estilo egipcio. Un cornisamento con el disco solar alado flanqueado por dos cobras corona el acceso, seguido de un elemento decorativo en forma de haz de cañas de papiro. A ambos lados, relieves jeroglíficos tallados en hueco reproducen fórmulas y conjuros funerarios de protección.
Cuando los arqueólogos llegaron a la puerta, seguía cerrada por un bloque de piedra con la imagen de Osiris rodeada de más fórmulas protectoras, tal y como quedó sellada en la Antigüedad. Pero el elemento más singular está en el dintel de esa misma entrada: una escena que representa la séptima hora del Amduat, uno de los libros egipcios del más allá que narra el viaje nocturno del dios solar Ra a través del inframundo. Es la primera vez que esta escena concreta aparece documentada en una tumba de esta necrópolis.
El Amduat es un texto del Reino Nuevo, compuesto hacia mediados del segundo milenio antes de Cristo, y durante buena parte de su historia estuvo reservado casi en exclusiva a los faraones y a un puñado de altos dignatarios; solo a partir de la dinastía XXI, hace unos tres mil años, empezó a aparecer fuera de las tumbas reales. Que sus imágenes decoren la puerta de una tumba familiar en un oasis del desierto occidental, más de mil años después de esa apertura y ya bajo dominio romano, da una idea de cuánto perduraron las creencias funerarias faraónicas.
La estela de Pisejtes
De todos los hallazgos, el que más ha llamado la atención de los responsables de la excavación es una estela funeraria de piedra arenisca empotrada en el muro sur de la pirámide. Es de forma rectangular y remata en un frontón triangular con un disco solar tallado en relieve en el centro. Sobre ella, escrito con tinta roja en griego antiguo, aparece un poema fúnebre de 19 versos dedicado a un hombre llamado Pisejtes que, según los primeros estudios del equipo egipcio, pudo haber ejercido como juez.
La elegía se data a finales del siglo III o comienzos del IV después de Cristo, una horquilla que encaja con el reinado de Constantino —el mismo emperador que, años más tarde, legalizaría el cristianismo en todo el imperio—, cuya efigie aparece precisamente en una de las monedas de bronce halladas en la tumba. Junto a la estela aparecieron una mesa de ofrendas y una pila de purificación, ambas de piedra arenisca, además de un conjunto de vasijas de cerámica.
Los indicios apuntan, además, a que la tumba se reutilizó en un momento posterior: en su parte superior se localizó una capilla de adobe construida sobre la entrada principal, y frente a ella un santuario funerario con cuatro pilares cuadrados, también de ladrillo crudo.
Bir El-Shaghala forma parte de la necrópolis de Mothis, la antigua capital del oasis durante los periodos ptolemaico y romano, en el emplazamiento de la actual Mut. El Consejo Supremo de Antigüedades excava la zona desde 2002, y las sucesivas campañas han sacado a la luz tumbas de trazados muy variados que combinan elementos del Egipto faraónico con influencias helenísticas y romanas. La variedad y la calidad de los materiales sugieren que el cementerio se reservó a los habitantes más acomodados de la capital del oasis durante la época romana.
Queda por ver qué revela el estudio completo de la elegía griega, todavía en fase preliminar según el propio equipo egipcio: ni su traducción íntegra ni el cargo exacto de Pisejtes como juez han sido confirmados de forma definitiva, y tampoco se ha determinado con certeza en qué momento posterior se reutilizó la tumba ni quién ocupó entonces la capilla superior. Lo que sí deja claro el hallazgo es que, en este rincón del desierto occidental, las fronteras entre lo egipcio, lo griego y lo romano eran mucho más porosas de lo que los libros de texto suelen dar a entender.
