Sven Beckert: el capitalismo no es natural, es una construcción histórica

El historiador germano-estadounidense Sven Beckert, profesor de Historia de América en la Universidad de Harvard, acaba de publicar en español su obra monumental Capitalismo. Una historia global (Crítica), un volumen de 1.400 páginas que desafía la percepción común de que el capitalismo es consustancial a la naturaleza humana. Para Beckert, este sistema económico es, en realidad, una invención histórica reciente y profundamente extraña.

La tesis central del libro es que el capitalismo no es algo natural, sino una forma de organización económica que surgió en lugares concretos hace unos 500 años y se expandió hasta colonizar todos los aspectos de la vida. Beckert rastrea la lógica capitalista hasta el año 1000, cuando pequeñas comunidades de mercaderes en el mundo islámico, China, India, Europa y África comenzaron a organizar su vida económica de manera distinta al resto de sociedades campesinas o feudales.

Una ruptura radical con resistencias

El historiador sostiene que el capitalismo supuso una revolución drástica que enfrentó fuertes resistencias. Los señores feudales y las autoridades religiosas no querían compartir su poder de explotación con los comerciantes emergentes, y los campesinos defendieron sus economías de subsistencia. Por eso, su despliegue fue lento y conflictivo. Un ejemplo temprano de sociedad plenamente capitalista fueron las plantaciones de azúcar de Barbados en el siglo XVI, donde los comerciantes reorganizaron toda la vida económica mediante la violencia: se apropiaron de la tierra, importaron mano de obra esclava de África y mercantilizaron todos los insumos y productos.

Beckert insiste en que, al contemplar el capitalismo como algo extraño, se hace necesario explicarlo. "El capitalismo no es algo natural, es de hecho algo muy extraño", afirma. Esta perspectiva le permite analizar el sistema desde una óptica global, alejada del eurocentrismo, y subrayar que su núcleo es la acumulación de capital: invertir propiedad privada productivamente para generar más capital, convirtiendo todo en mercancía.

El autor rechaza que el capitalismo sea inherentemente conservador. Por el contrario, lo describe como "la revolución de más impacto en los últimos mil años" y en estado de revolución permanente. Su adaptabilidad le ha permitido coexistir con monarquías, imperios, democracias y regímenes fascistas. Hoy, algunas de las sociedades capitalistas más dinámicas son profundamente autoritarias, lo que demuestra que el mundo actual no es permanente, sino un capítulo más de una historia en constante cambio.

El fin del neoliberalismo y nuevas fronteras

Beckert considera que el neoliberalismo, hegemónico desde los años setenta, está llegando a su fin debido a los niveles absurdos de desigualdad, la crisis de 2008 y, sobre todo, los ataques de la derecha populista. Medidas como los aranceles o la nacionalización de cadenas de suministro, impensables hace una década, evidencian un cambio de orden institucional. El historiador ve en este momento una oportunidad para imaginar nuevos futuros, aunque advierte que el capitalismo sigue expandiéndose hacia nuevas esferas como los datos, las experiencias o los deseos.

La obra también aborda la relación entre capitalismo y ética. Beckert recuerda el caso de Robert Keyne, un comerciante multado en 1639 en la Boston puritana por anteponer sus ganancias al bien común, para contrastarlo con la actual admiración hacia fortunas como la de Elon Musk. Según el historiador, aquellos jueces condenarían esa forma de organizar la vida sin ética. El libro, que llega ahora al público hispanohablante, invita a repensar un sistema que, lejos de ser inevitable, es una construcción humana que puede y debe ser cuestionada.