Superando la pereza… ¡y el trabajo! Un análisis crítico

La crítica al trabajo y la reivindicación de la pereza como forma de resistencia centran un ensayo que cuestiona la dicotomía entre ocio y actividad productiva. El texto, publicado en El Topo Express, examina la evolución histórica del concepto de trabajo y su papel en la sociedad capitalista, proponiendo superar la oposición entre pereza y trabajo vano.

El ensayo parte de un cuento de los hermanos Grimm en el que unos obreros discuten grotescamente sobre su pereza: no doblar las piernas si un carro está a punto de atropellarlos, no alcanzar el pan a pesar del hambre. Pero, sobre todo, no obedecer órdenes. De forma paroxística, este cuento da testimonio de la resistencia popular al trabajo impuesto por los amos.

En las condiciones premodernas, se alternaban momentos de intensa actividad con largos intervalos de inmovilidad, un estilo de vida que fue estigmatizado como «pereza» por los defensores de un modo de producción basado en el trabajo permanente. Desde finales de la Edad Media, el trabajo ha crecido drásticamente a nivel social, tanto en cantidad como en densidad, mientras que su significado ha disminuido debido a la división del trabajo cada vez más extrema.

La doble naturaleza del trabajo

El ensayo retoma la distinción de Marx entre trabajo abstracto y concreto. En la sociedad capitalista, cada trabajo tiene una dimensión concreta que satisface alguna necesidad, pero también una dimensión abstracta, puramente cuantitativa, que crea el valor de los bienes. En la producción capitalista prevalece la dimensión abstracta, indiferente al contenido, lo que explica la pérdida de sentido y la falta de satisfacción en la mayoría de los trabajos.

La categoría de «trabajo» es una invención moderna: en sociedades anteriores, las actividades productivas, la reproducción doméstica, los juegos y la vida social formaban un continuo. La palabra «trabajo» proviene del latín «tripalium», un instrumento de tortura, y en casi todas las culturas se consideraba un sufrimiento. Fue la burguesía capitalista la que elevó el trabajo a piedra angular de la vida económica y social.

Más allá de la pereza y el trabajo

El ensayo plantea que la oposición no es realmente entre «pereza» y «trabajo», sino entre «actividad significativa» y «actividad sin sentido». Incluso las actividades más extenuantes pueden ser placenteras si se eligen libremente y con un propósito. Es la compulsión permanente de trabajar para ganarse la vida lo que da origen al deseo de no hacer nada.

La crítica del trabajo en los últimos dos siglos, con el «Nunca trabajes» de Guy Debord como punto culminante, no ha tenido en cuenta la doble naturaleza del trabajo. La esperanza de que la automatización libere a la humanidad del trabajo se ha vuelto obsoleta: el dominio del trabajo sobre nuestras vidas se ha vuelto más fuerte que nunca, con la precariedad y la flexibilidad obligatoria.

Una sociedad liberada del trabajo no estaría necesariamente condenada a la ociosidad. Antes de distribuir las actividades esenciales, definiría qué es verdaderamente necesario para una «buena vida». La cantidad de trabajo necesario se reduciría significativamente, y se trascendería la dicotomía entre la pereza y el trabajo vano.

La renta básica universal podría contribuir a romper con la ideología de que «si no trabajas, no comes», ofreciendo la posibilidad de escapar de la presión del trabajo a cualquier precio. No en nombre de la mera pereza, sino en nombre de actividades significativas y elegidas conscientemente.