La lista de espera en la sanidad pública madrileña es mucho mayor de lo que reflejan las estadísticas oficiales. Según una investigación, más de 360.000 pacientes permanecen en un limbo administrativo: han sido derivados a un especialista o a una prueba diagnóstica, pero no tienen cita asignada. Estas personas no se contabilizan en los informes mensuales de la Consejería de Sanidad, lo que permite maquillar la demora media y ocultar el colapso real del sistema.
El espejismo de las cifras oficiales
Los datos que la Consejería publica mensualmente omiten a los pacientes sin fecha. Para conocer el total real hay que acudir a las Memorias anuales del SERMAS o a los informes semestrales remitidos al Ministerio de Sanidad. La última Memoria oficial eleva la lista de espera hospitalaria a 1.324.689 personas a 31 de diciembre, frente al millón que se maneja habitualmente en prensa y oposición.
El incremento de pacientes sin cita es vertiginoso. En primeras consultas, los derivados sin fecha alcanzaron los 253.738 a cierre del último ejercicio, 22 veces más que en 2021. En pruebas diagnósticas, 112.865 personas esperan sin asignación, cuatro veces más que hace cuatro años.
- Traumatología: 44.726 pacientes sin cita (31 veces más que en 2021).
- Ginecología: 18.968 (28 veces más).
- Digestivo: 18.746 (11 veces más).
- Urología: 13.984 (19 veces más).
Agendas cerradas y desvío a la privada
El mecanismo que genera esta bolsa de pacientes invisibles es el cierre de agendas en los servicios hospitalarios. Cuando un servicio satura su capacidad o carece de personal, deja de asignar fechas. El paciente acumula tiempo de espera real, pero ese retraso no computa en la demora promedio oficial, que solo mide a quienes ya tienen cita. Así, mientras la lista de espera real crece, la demora media puede incluso bajar artificialmente.
Este sistema empuja a cientos de miles de pacientes hacia hospitales de gestión privada a través de la libre elección. Los grandes centros públicos de Madrid actúan como emisores netos: el Ramón y Cajal pierde 7.487 pacientes en Traumatología, el 12 de Octubre 7.080 y La Paz 7.048. En el lado opuesto, la Fundación Jiménez Díaz (grupo Quirón) absorbe 37.999 pacientes netos, seguida de otros centros privados como el Hospital de Torrejón.
La Consejería de Sanidad no desglosa estos flujos, pero los datos evidencian que los hospitales con mayores listas de espera son también los que más pacientes derivan a la privada. El Ramón y Cajal, por ejemplo, redujo formalmente su lista de espera oficial de 8.698 a 6.287 personas entre 2023 y 2025, mientras su demora media en Traumatología cayó un 12%. La explicación reside en que una parte sustancial de sus pacientes, los que no tienen cita, ha dejado de computar.
El resultado es un círculo vicioso: la falta de cita oculta el colapso, alimenta el negocio de la sanidad privada y permite a la Administración mantener indicadores artificialmente favorables. Mientras tanto, miles de madrileños como María, Sonia, Alex o la hija de Alicia siguen esperando una llamada que no llega.
