Rusia ha establecido un toque de queda nocturno de diez días en las zonas fronterizas con Estonia, una medida que, según las autoridades rusas, busca proteger los recursos acuáticos, pero que analistas vinculan con posibles preparativos ante una movilización. La restricción abarca los distritos de Slantsy y Kingisepp, en la orilla opuesta al río Narva, que marca la frontera entre ambos países.
Restricciones y justificación oficial
El Servicio Federal de Seguridad (FSB) anunció que las medidas estarán vigentes del 16 al 26 de septiembre y tienen como objetivo "prevenir delitos en el ámbito fronterizo y migratorio, así como en la protección de recursos biológicos acuáticos". Durante este período, se prohíbe visitar las orillas del río o usar embarcaciones pequeñas entre los ríos Cheryomukha y Kriusha, cazar o portar armas en la zona fronteriza de Slantsy y en los 5 kilómetros de la zona de Kingisepp, y desplazarse fuera de las localidades a pie o en vehículo después del anochecer en ambas áreas.
La excusa de la protección ambiental para implementar un toque de queda nocturno resulta, cuando menos, sospechosa. La coincidencia con las elecciones a la Duma y la semana posterior sugiere que el motivo real podría ser evitar una posible fuga masiva del país.
Preparativos en Estonia
En el lado estonio, la Policía y Guardia de Fronteras (PPA) también se prepara para una eventual movilización rusa. Entre las medidas en consideración está el cierre total de los pasos fronterizos entre ambos países. El primer ministro, Kristen Michal, declaró esta semana que, dependiendo de la evaluación de amenazas, los puntos de cruce podrían cerrarse inminentemente. No obstante, la preferencia es hacerlo con suficiente antelación para evitar el caos entre las personas que forman largas colas en lugares como Narva.
Advertencia del nuevo ministro de Defensa
El nuevo ministro de Defensa de Estonia, el general Martin Herem, ha encendido las alarmas sobre la inminencia de la amenaza rusa. En una entrevista con la radiodifusora pública, Herem afirmó que Rusia podría emplear fuerza militar "a capacidad X" contra Estonia en tan solo un año. Su lógica se basa en un plazo de "6+6 meses": los combates en Ucrania podrían pausarse en seis meses y Rusia tardaría otros seis en reconfigurarse para una nueva aventura militar.
Herem, quien se desempeñó como comandante de las Fuerzas de Defensa de Estonia hasta el verano de 2024, es conocido por su actitud directa y ha advertido consistentemente sobre la amenaza. "Si alguien dice que estoy apresurando las cosas, pregunto: ¿y si tenemos tres años? No es que necesariamente vaya a suceder, pero si surge una situación favorable, Rusia podría aprovecharla. ¿Cómo podemos permitirnos perder seis meses en juegos políticos?", señaló en una entrevista reciente.
El general tiene seis meses como ministro antes de las elecciones parlamentarias de marzo, un período que considera crucial para maximizar la preparación.
Un frente común en la frontera
Mientras tanto, los guardias fronterizos de ambos lados del río Narva parecen tener sus miras en la misma dirección: el lado estonio vigila para evitar entradas ilegales, mientras que el ruso, bajo estructura del FSB, bloquea el terreno para impedir salidas. La tensión refleja un deterioro continuo en la región, con ambos países preparándose para escenarios de escalada.
