Sarah (nombre ficticio) tiene 51 años y se ha visto obligada a ejercer la prostitución para poder sobrevivir. Tras más de dos décadas trabajando como administrativa, perdió su empleo y, a pesar de enviar innumerables currículums, nunca la llamaron. Ahora mantiene entre 20 y 25 encuentros sexuales al mes, la mayoría con jóvenes, como única fuente de ingresos.
Una carrera truncada por la edad
Sarah trabajó durante más de 20 años en una empresa familiar. Justo antes de la pandemia, la compañía entró en concurso de acreedores y todos los empleados fueron despedidos. Ella confiaba en encontrar pronto un nuevo trabajo gracias a su experiencia, pero la realidad fue muy distinta. Durante tres años apenas consiguió cuatro entrevistas. El paro se agotó y sus ahorros se esfumaron.
"Me parece vergonzosa esta discriminación que se hace con las personas por un tema de edad", denuncia. A pesar de que la ley prohíbe la discriminación por edad, Sarah se sintió desamparada. Acudió al Banco de Alimentos para poder comer y, aunque sus hijos le enviaban algo de dinero, no era suficiente. La hipoteca ya estaba pagada, lo que evitó que acabara en la calle.
De la necesidad a la prostitución
Navegando por internet, Sarah encontró un anuncio de una página que presentaba a mujeres maduras para tener sexo. Se registró, subió unas fotos y en menos de dos horas recibió su primera petición. Al principio la rechazó, pero en un mes le llegaron ocho solicitudes. Aceptó una y descubrió que el cliente era un chaval que no llegaba a los 20 años. Desde entonces, su rutina consiste en mantener encuentros con jóvenes.
"Suelo tener unos 20 o 25 encuentros al mes. Es lo que necesito para poder vivir", afirma con tranquilidad. Lleva tres años en esta situación y sigue buscando empleo, pero nadie la llama. Solo en su ciudad, una localidad pequeña, hay más de 150 mujeres registradas en la misma página web.
La historia de Sarah no es un caso aislado. Refleja una realidad silenciada: la prostitución de supervivencia entre mujeres de mediana edad expulsadas del mercado laboral. Un fenómeno que, según relata, afecta a miles de mujeres en España y que rara vez encuentra espacio en el debate público.
