La rotación de profesores en Ibiza y Formentera sigue siendo un desafío cada inicio de curso, marcada por el encarecimiento de la vivienda y la falta de incentivos para fidelizar al profesorado. Docentes y sindicatos coinciden en que muchos profesionales llegan a las Pitiusas con la intención de acumular puntos y marcharse, lo que genera una inestabilidad constante en las plantillas.
Aunque la cobertura de plazas para este curso ha mejorado respecto a años anteriores, el problema de fondo persiste. Jorge Aroca, portavoz en Ibiza y Formentera de la Asociación Nacional de Profesores Estatales (ANPE), señala que "ha sido un año en el que se han hecho esfuerzos y mucho hincapié para intentar cubrir las plazas durante el verano". Sin embargo, algunas especialidades, como catalán, siguen sin cubrirse por completo.
El lastre de la vivienda
El principal obstáculo para los docentes que llegan de fuera es encontrar un lugar donde vivir. Aina, maestra de Primaria originaria de Mallorca, lleva en Ibiza desde 2023 y confiesa que "estoy esperando poder volver el año que viene, aunque parece complicado". Para regresar a su tierra necesita "hacer años [de trabajo] y muchos cursos para ganar puntos", un proceso que se alarga en el tiempo.
El coste de la vida en la isla es otro factor determinante. "Es bastante más cara que en Mallorca", asegura Aina, quien reconoce haber tenido "algo de suerte" con la vivienda, pero conoce a compañeros que "tienen que compartir pisos y es carísimo, piden una barbaridad". Además, denuncia que las ayudas al alquiler del Consell acaban siendo absorbidas por los caseros, que "suben el alquiler" en función de su cuantía.
A.N.R., profesor especialista de la Escola d'Art y originario de Andalucía, relata que "con la vivienda lo he pasado bastante mal, como prácticamente la totalidad de profesores". Tras años de dificultades, en 2019 llegó a un acuerdo con un casero para mantener su finca a cambio de un precio razonable. Sin embargo, no todos corren la misma suerte: "compañeros míos viven en coches, furgonetas... Y eso es una realidad", lamenta.
Interinos sin arraigo
La situación es especialmente dura para los interinos, que a menudo aceptan plazas temporales sin garantías. P.M., maestra de Educación Especial y pedagoga terapéutica, describe que "la mayoría de la gente que conozco de interina es gente que está como de Erasmus, como si aún estuviera haciendo la carrera, porque no tienen vida familiar; comparten pisos con otros jóvenes adultos".
Esta falta de arraigo se traduce en una rotación constante. "Hay gente que viene, hace puntos y se va enseguida", afirma P.M., que llegó desde Menorca hace cuatro años. Además, subraya el coste emocional de la distancia: "La mayor parte de mallorquines y mallorquinas vienen [a Ibiza] llorando porque no quieren estar aquí, porque se les hace cuesta arriba a nivel económico y emocional".
Algunos docentes, según P.M., "comparten piso con dos o tres personas más, a disgusto y lejos de sus familias y amigos". La falta de vivienda pública agrava el problema, y A.N.R. reclama que "el Consell o los ayuntamientos deberían tener viviendas para estos casos puntuales".
Burocracia y desmotivación
Otro factor que empuja a los docentes a abandonar la profesión es la carga burocrática. A.N.R. critica que "en los últimos diez años nos cargan con más burocracia: ha empeorado", y asegura que "no va en beneficio del alumno pero sí conlleva que no te puedas preparar tus clases". Para él, "cargar de burocracia al profesorado es un grave error que repercute en la educación y en la formación de los jóvenes".
Esta situación desmotiva a muchos, que "ya no quieren serlo" y buscan otras salidas profesionales. A.N.R. recuerda que cuando empezó en 2015, las reuniones de departamento y claustro eran menos frecuentes, pero "han ido aumentando año tras año".
Pese a todo, algunos docentes encuentran motivos para quedarse. A.N.R. asegura que "en Ibiza estoy muy bien, me encanta la isla y me encanta ser profesor aquí", aunque reconoce que no puede jubilarse en la isla sin una vivienda en propiedad: "Sin vivienda aquí, te jubilas, ganas menos y te echan".
La cobertura de plazas sigue siendo un reto, y desde ANPE apuntan a soluciones parciales, como las plazas de "suport al área de llengües" para cubrir el déficit de profesores de catalán. Mientras tanto, la rotación y la precariedad marcan el día a día de la educación en las Pitiusas.
