Maricarmen, una mujer de 87 años, ha sido desahuciada de la casa en la que vivió durante siete décadas en Madrid. Su caso ha conmocionado a gran parte de la sociedad, pero también ha desatado una corriente de comentarios hostiles en redes sociales que cuestionan su derecho a haber permanecido en la vivienda. Lejos de ser un fenómeno aislado, expertos señalan que estos mensajes responden a un patrón de individualización de problemas sociales y a una creciente tendencia a la ostentación del mal.
La lógica del odio al vulnerable
"Esa casa no ha sido suya nunca, que se lo hubiera pensado antes". "Si hubiera ahorrado un poquito se habría comprado un piso, pero vivía muy tranquila". Estas frases, difundidas en redes, reflejan una falta de empatía hacia una mujer que ha perdido el hogar donde vivieron sus padres. Olga Cantó, catedrática en Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad de Alcalá, explica que este tipo de argumentos son producto de la individualización social: "Estas personas entienden que cada individuo puede tomar decisiones buenas o malas y que no hay terceros factores que les estén afectando".
Cantó compara la situación con un absurdo: "Es como si pasado mañana nos dijeran que el agua o el aire limpio cuesta mucho dinero y nos acaben recriminando que en esta época pudimos haber llenado una piscina y no lo hicimos". Para la experta, se trata de una forma de individualizar un problema social grave, como es la regulación del mercado inmobiliario.
El caso de Maricarmen no es nuevo. En 2012, la diputada del PP Andrea Fabra gritó "¡que se jodan!" en el Congreso durante el anuncio de recortes en prestaciones por desempleo. También se culpabilizó a las víctimas de las preferentes, a los afectados del Forum Filatélico y se repitió que la gente no podía vivir por encima de sus posibilidades. Estos discursos, señala Cantó, sirven para desviar la atención de fallos sistémicos.
El 'malismo' como estrategia de visibilidad
Mauro Entrialgo, ilustrador y autor del ensayo Malismo: la ostentación del mal como propaganda, identifica en estos mensajes un fenómeno que ha cobrado fuerza en la última década y media. "Presumir de haber cometido un mal o de estar a favor de quien lo causa con el objeto de recibir un beneficio ha existido siempre", pero antes se circunscribía a entornos asociales. Hoy, indica, la ultraderecha lo utiliza con naturalidad y ha calado en la derecha tradicional.
Entrialgo sostiene que situarse en la inmoralidad otorga relevancia mediática y es fácil de monetizar. "Ser un sinvergüenza y reconocerlo se percibe como fresco, sincero y original". Sin embargo, augura que esta moda tiene un tope: "Es difícil percibir a alguien que presume de ser mala persona como irreverente en el momento que todo el mundo chulee de ser mala gente".
Mientras tanto, el caso de Maricarmen sigue generando movilizaciones y debate. La mujer, que se encuentra ingresada y "emocionalmente derrotada", ha encontrado refugio provisional en casa de un familiar. Su historia evidencia la tensión entre la solidaridad y los discursos que culpabilizan a las víctimas de la especulación inmobiliaria.
