Philippe Rahm: el aire acondicionado borró soluciones pasivas contra el calor

El arquitecto suizo Philippe Rahm sostiene que el aire acondicionado y la energía barata hicieron desaparecer soluciones pasivas contra el calor que ahora necesitamos recuperar. En su libro El estilo antropoceno (Ediciones Asimétricas, 2026), recorre cómo la modernidad cambió la función de la decoración y propone volver a técnicas tradicionales para refrescar los interiores sin depender de máquinas.

Según Rahm, hasta principios del siglo XX la decoración de interiores en Occidente tenía una función eminentemente práctica. Las alfombras protegían los pies del frío del suelo, los tapices reducían la sensación de frío de los muros, las cortinas frenaban las corrientes de aire y las lámparas de araña multiplicaban una iluminación escasa.

La energía fósil sustituyó a los objetos

Con la llegada de los radiadores, la calefacción central, la iluminación eléctrica y el aire acondicionado, esos objetos se volvieron prescindibles. "A partir de ese momento, descolgamos los tapices y las cortinas que nos protegían modestamente del frío; enrollamos las alfombras; plegamos los biombos", relata el arquitecto.

La energía barata permitió el triunfo de los interiores blancos, despejados y acristalados asociados a la arquitectura moderna. Rahm se cuestiona si esos objetos se eliminaron por inútiles o porque "la energía fósil permitió sustituirlos por máquinas". En su libro, sostiene que detrás del interior moderno no solo están nombres como Le Corbusier o Mies van der Rohe, sino también el carbón.

Soluciones pasivas para el calor

Ante las olas de calor y la necesidad de reducir el consumo energético, Rahm propone el "estilo antropoceno", que busca "ofrecer soluciones pasivas sencillas para refrescar los interiores durante la canícula estival y captar y mantener el calor durante el invierno". Para ello, mira hacia las viviendas mediterráneas tradicionales.

Las casas antiguas del sur de España ya contaban con estrategias: persianas bajadas, paredes gruesas, suelos de piedra, patios en sombra y ventilación cruzada. Los techos altos permitían que el aire caliente ascendiera, las ventanas superiores facilitaban su salida y los muros gruesos almacenaban el frescor nocturno.

Rahm menciona también los moucharabiehs, celosías tradicionales que permiten "dejar entrar corrientes de aire refrescantes al tiempo que bloquean los rayos directos del sol". Propone incluso una cortina revestida con materiales de baja emisividad térmica, como aluminio brillante o latón pulido, para reflejar la radiación solar.

Almacenar el frescor nocturno

Otra propuesta consiste en almacenar el frescor de la noche. Durante las noches de verano, abrir las ventanas enfría los materiales de la vivienda. Rahm imagina una mampara de piedra natural de unos seis centímetros que se exponga al aire fresco nocturno y que durante el día permanezca a menor temperatura que la habitación.

También reinterpreta la alfombra: en lugar de lana para el frío, propone una superficie de piedra, aluminio o cobre en la zona más fresca de la habitación. Con temperaturas por debajo de 34 ºC, ayudaría a que el cuerpo pierda calor por conducción.

La chimenea invertida

Rahm recupera el principio de la evaporación, presente en fuentes y canales de la Alhambra o en el cántir. Propone una "chimenea invertida" que enfríe en lugar de calentar, usando agua en lugar de fuego. También sugiere estudiar el color de las paredes desde la física: pintar de violeta reflejaría una luz más fría para la piel.

Para Rahm, "la elección de una forma o de un material no es solo una elección estética o cultural, sino también climática y material". Si el carbón sentó las bases del estilo moderno, el CO2 hace lo propio con el estilo antropoceno.