Pelícano pide ayuda a golpes en la puerta de un laboratorio

Un pelícano pardo se plantó en la entrada del Laboratorio de Panama City del Centro de Ciencias Pesqueras del Sureste de la NOAA y comenzó a golpear el cristal con el pico. El ave no era una visita casual: llevaba un anzuelo triple de doble lengüeta incrustado en el ala derecha y varios metros de sedal de pesca enredados en el cuerpo. Los biólogos que trabajaban en el interior salieron al oír el ruido y comprobaron que el animal pedía auxilio a su manera.

El personal del centro, acostumbrado a manipular tiburones y peces espada en alta mar, se enfrentó a un paciente inusual: un ave marina que había llegado por su propio pie hasta la puerta. Con la misma destreza que emplean para colocar marcas acústicas, inmovilizaron al pelícano, cortaron la lengüeta del anzuelo y lo extrajeron, además de retirar el monofilamento que rodeaba el ala. También le quitaron espinas de cactus de una pata.

Una operación de diez minutos

La intervención duró apenas diez minutos. Según relataron los biólogos, el pelícano permaneció sorprendentemente tranquilo durante todo el proceso, como si entendiera que estaban ayudándolo. Una vez libre de anzuelo y sedal, el ave extendió las alas y se alejó volando sin secuelas visibles.

El equipo que atendió al animal estuvo formado por Annsli Hilton, Naeem Willett y el doctor John Carlson, con la colaboración de la gerencia del centro. Las imágenes del rescate muestran al pelícano esperando en las escaleras de ladrillo del edificio, con el sedal aún colgando de su cuerpo.

Un peligro invisible

El caso sirvió a los especialistas para recordar que el sedal abandonado sigue siendo una amenaza silenciosa para la fauna costera. El monofilamento es prácticamente invisible bajo el agua y tarda cientos de años en descomponerse, lo que provoca enredos mortales en aves, tortugas y mamíferos marinos.

Para reducir estos incidentes, recomiendan guardar siempre los restos de hilo en un recipiente seguro, depositarlos en los contenedores de reciclaje habilitados en los embarcaderos y optar por anzuelos sin lengüeta, que facilitan la extracción en caso de enganche accidental. Si un ave queda atrapada, la pauta es clara: no cortar el sedal, recoger, retirar y liberar.

El pelícano de Panama City se recuperó por completo y volvió a volar sin rastro del aparejo. El episodio queda como una muestra de que la fauna silvestre, en ocasiones, busca ayuda donde menos se espera.