Pazo de Meirás: de refugio de Pardo Bazán a símbolo recuperado

El Pazo de Meirás, en Sada (A Coruña), fue construido por la escritora Emilia Pardo Bazán entre 1893 y 1910 como un espacio para escribir y reivindicar su independencia. Décadas después, en 1938, fue regalado a Francisco Franco y se convirtió en su residencia veraniega. No fue hasta 2020 cuando volvió a manos públicas, y en 2026 fue declarado Lugar de Memoria Democrática.

Un refugio literario

Emilia Pardo Bazán, nacida en A Coruña en 1851, transformó una antigua granja familiar en un imponente conjunto de más de 2.000 metros cuadrados, con dos torres de granito de estilo neomedieval. La Torre de Poniente albergaba la heráldica familiar, mientras que la Torre de la Quimera, la más alta, estaba destinada exclusivamente a ella. En lo alto, una biblioteca con el Balcón de las Musas le servía de inspiración.

La escritora, que se levantaba a las cuatro y media de la mañana para trabajar, convirtió el pazo en un centro cultural por donde pasaron escritores, periodistas y nobles. Su obsesión por la cultura la llevó a tener hasta cuatro bibliotecas en la casa.

De residencia veraniega a símbolo del franquismo

Tras la muerte de Pardo Bazán en 1921, la propiedad pasó a su hijo Jaime Quiroga, asesinado en 1936 al inicio de la Guerra Civil. En 1938, la Junta Pro Pazo del Caudillo compró el edificio a sus herederas por más de 400.000 pesetas (unos 5 millones de euros actuales) y se lo entregó a Franco. La suscripción para pagarlo fue en gran parte forzosa, con descuentos a funcionarios y aportaciones obligadas.

En 1941, Franco otorgó una nueva escritura de compraventa, sin compra real, para inscribir la propiedad a su nombre. Un tribunal calificó después esta operación de "ficción" y fraudulenta. Durante casi 40 años, Meirás funcionó como residencia estival de la Jefatura del Estado, gestionada y pagada por el Estado.

La familia Franco también se dedicó a reunir piezas del patrimonio gallego, muchas veces mediante coacción. Carmen Polo, esposa del dictador, se presentaba en iglesias o casas particulares y pedía que le regalaran piezas. Si se negaban, acababan igualmente en Meirás. Ocurrió con las pilas bautismales de la iglesia de San Xián de Moraime, en Muxía, que acabaron como maceteros en los jardines.

La recuperación

Tras la muerte de Franco en 1975, el pazo pasó a su hija Carmen Franco. En 1978 sufrió un incendio cuya versión oficial habló de un cortocircuito, aunque la luz estaba cortada. A los pocos días, un anticuario de París vendió obras de arte que habían estado en el interior.

La clave para recuperar el pazo fue la aparición de la escritura de 1938, que demostraba que la de 1941 era un fraude. En julio de 2019, la Abogacía del Estado presentó una demanda. El 2 de septiembre de 2020, un juzgado de A Coruña declaró que el Pazo de Meirás era propiedad del Estado y anuló la donación a Franco. El 10 de diciembre de 2020, tras más de ocho décadas, el pazo volvió al patrimonio público. En marzo de 2026, el Tribunal Supremo confirmó la sentencia de forma definitiva.

Hoy, el Pazo de Meirás es de nuevo de todos, aunque todavía existen litigios sobre algunos artículos en su interior. En la capilla, un sarcófago de granito labrado que Emilia Pardo Bazán mandó preparar para ser enterrada allí sigue esperando, vacío, a su creadora.