OpenAI y la polémica por la solución al problema de Navier-Stokes

OpenAI ha desatado una tormenta en el mundo matemático al asegurar que su modelo GPT-6 Astra, con 10.000 agentes de inteligencia artificial coordinados, resolvió en solo 88 horas el problema de Navier-Stokes, uno de los seis Problemas del Milenio. La compañía presentó una demostración analítica de 100 páginas, pero la noticia ha quedado eclipsada por las sospechas de que el hallazgo pudo basarse en el trabajo previo de dos matemáticos españoles y en investigaciones de un rival directo.

La sombra del plagio

El matemático Tristan Buckmaster, de la Universidad de Nueva York, reveló que él y Levent Alpöge, investigador de Anthropic, estaban trabajando en la solución y habían logrado avances significativos gracias a una estrategia pionera de los españoles Diego Córdoba (ICMAT) y Luis Martínez-Zoroa (CUNEF). Según su versión, OpenAI abordó el problema a toda prisa tras enterarse de sus progresos y les ofreció unirse a su equipo. Buckmaster sospecha que la empresa pudo acceder a su trabajo para llegar a la solución.

"Utilizamos varios LLM a lo largo de todo el proceso: Claude de Anthropic, Codex de OpenAI, especialmente con GPT-5.6 Sol y, más recientemente, Astra", explicó Buckmaster en un comunicado. El matemático alertó de que la demostración de OpenAI, aunque no mencionaba a los españoles, se basaba en su aproximación, algo que solo él estaba desarrollando. "Prácticamente nadie más que yo conozca estaba trabajando en él", señaló. "Cuando escuché 'forzado', fue una señal de alerta absoluta".

Las tensiones aumentaron cuando, según Buckmaster, OpenAI le propuso presentar la solución exigiendo apartar a Alpöge de la autoría por trabajar en Anthropic. Le prometieron encumbrarle como el "humano más cercano al problema" y respaldarle para ganar el millón de dólares del Premio Clay. Ante su negativa y su advertencia de denunciar lo ocurrido, la compañía habría respondido con veladas amenazas hacia su futuro académico.

La versión de OpenAI

En una rueda de prensa, el matemático de OpenAI Sebastien Bubeck desmintió estas afirmaciones y aseguró que el modelo interno de la compañía resolvió el problema de forma independiente. Reconoció que comenzaron a trabajar el 1 de septiembre tras escuchar un rumor relacionado con Alpöge y Buckmaster, pero negó que tuvieran acceso a su trabajo antes de que lo publicaran. "Ni los investigadores ni los agentes tuvimos acceso a su trabajo hasta que lo publicaron; en particular, no se accedió a datos específicos de los usuarios para resolver este problema", afirmó.

El español Diego Córdoba, aunque prefiere mantenerse al margen de la polémica, admite que hay elementos que le resultan extraños. "Luis y yo llevamos un trabajo de 5 o 6 años y hemos desarrollado una estrategia nueva en la que necesitamos la fuerza; nadie había necesitado la fuerza antes", explicó. "Por supuesto, Tristan usa la fuerza y explica que es parte de nuestra estrategia. Y, sorprendentemente, OpenAI también usa la fuerza, por lo que Tristan piensa que le han cogido o robado parte de su trabajo".

Córdoba, que hizo su tesis en Princeton bajo la dirección de Charles Fefferman, medalla Fields, ha dedicado su carrera a buscar la solución al modelo de singularidades. "Mi primera tesis fue contradecir un ordenador", recuerda con ironía, ya que ahora son las máquinas las que parten de sus trabajos. Sobre el reconocimiento, se muestra cauto: "Un millón de dólares ya no es como antes. Si quieres hacerte rico, te recomiendo que busques otras maneras".

Un debate sobre la autoría

El problema de Navier-Stokes, formulado en el siglo XIX, describe el movimiento de fluidos como el agua y el aire, con aplicaciones en el diseño de aviones, la predicción del tiempo y el estudio del flujo sanguíneo. La incógnita central es predecir cuándo un flujo suave se vuelve caótico, como cuando surge un tornado en un día tranquilo.

Alberto Márquez, matemático de la Universidad de Sevilla, subraya que el verdadero debate es la autoría. "¿Quién lo ha resuelto? ¿Los de los resultados en los que se basaron, el que diseñó la IA, el que la programó, o los otros que tuvieron la idea?", se pregunta. Para el físico Enrique Borja, el resultado es "fabuloso" y pone de relieve la necesidad de normalizar el uso de la IA en la investigación avanzada. En cambio, José Miguel Viñas, físico y meteorólogo, advierte contra la idea errónea de que la IA ha superado a los humanos: "Sin las investigaciones teóricas de los matemáticos y sus aportaciones, la IA no tiene nada que hacer".

Charles Fefferman, mentor de Córdoba y autor de la descripción oficial del problema para el Instituto Clay, considera que los verdaderos protagonistas son Córdoba y Martínez-Zoroa. Buckmaster va más allá y afirma que Martínez-Zoroa merece la Medalla Fields. Mientras, la comunidad matemática espera a comprobar la construcción de OpenAI para determinar si la gloria debe repartirse.