Nepal y China han suspendido temporalmente las operaciones de rescate en las zonas más expuestas de su frontera después de que un lago formado por la acumulación de rocas y escombros en el Tíbet comenzara a desbordarse. Las autoridades nepalíes han alertado de que el nivel del río Bhote Koshi está subiendo y han pedido a residentes y equipos de emergencia que se dirijan a lugares elevados.
El dispositivo buscaba víctimas y supervivientes de la inundación repentina que este miércoles arrasó una zona de Rasuwa y deja ya 577 muertos, según el último balance oficial. El mayor número de víctimas mortales se ha registrado en el distrito de Chitwan, con 221 fallecidos, en la cuenca baja del río. China, por su parte, ha elevado este viernes a cinco el número de fallecidos en el condado tibetano de Gyirong.
El Gobierno nepalí ha publicado este viernes un listado con las identidades de más de 600 personas clasificadas como "turistas desaparecidos o fuera de contacto", tanto extranjeros como nepalíes no residentes de la zona. En ella aparecen tres personas españolas, dos mujeres y un hombre. El Ministerio de Asuntos Exteriores español, que anteriormente había informado de cuatro desaparecidos, ha rebajado esta cifra a tres, y asegura que la Embajada de España en Nueva Delhi y el Consulado Honorario de España siguen atentamente la situación.
Pendientes del nivel del río
"Hemos recibido un aviso de que el lago ha rebasado sus márgenes", ha declarado a Reuters Narendra Pariyar, principal responsable administrativo del distrito nepalí de Rasuwa. "Podemos ver que el nivel del agua del río está subiendo", ha añadido. Sus equipos están utilizando imágenes de satélite para monitorear la situación y tienen previsto instalar cámaras y sensores río abajo.
En el lado chino, en cambio, sí se han reanudado las labores de rescate en el condado tibetano de Gyirong horas después de que se suspendieran temporalmente ante una disminución progresiva de los riesgos de rotura brusca de una represa natural formada tras la riada. La televisión estatal CCTV informó de que el agua del lago fluye de forma natural y que su nivel ya ha bajado unos 10 metros.
Los equipos de rescate de ambos países continúan este viernes la búsqueda de casi 1.500 desaparecidos reportados en total por ambas partes —más de 930 en territorio nepalí y 558 en el lado tibetano—. Entre ellas, centenares de turistas y peregrinos extranjeros. Las autoridades de Nepal aseguran haber rescatado con vida a 3.253 personas.
Las toneladas de rocas y sedimentos arrastradas por la primera riada han obstruido varios cauces y formado al menos dos lagos de barrera a ambos lados de la frontera. La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal ha advertido de que sigue aumentando el nivel de uno de ellos, originado por el bloqueo del Bhote Koshi, y ha pedido a la población que se aleje de sus orillas.
El segundo se encuentra en el Tíbet, a más de diez kilómetros río arriba del paso fronterizo de Gyirong, y es el que ha comenzado a desbordarse. Las imágenes aéreas tomadas por un equipo chino muestran una masa de agua marrón acumulada en una cuenca sin una salida visible, que ya ha cubierto arbustos y árboles y ejerce presión contra una barrera de piedras y escombros.
El lago tiene unos 150 metros de longitud y entre 40 y 50 metros de profundidad. Su volumen ha superado los 2,5 millones de metros cúbicos, frente a los entre 1,5 y dos millones calculados el jueves. El Ministerio de Recursos Hídricos de China estima que otros tres millones de metros cúbicos podrían llegar durante los próximos tres días, con un máximo caudal previsto en torno al 1 de septiembre. Las lluvias están reblandeciendo las laderas y aumentando la inestabilidad del terreno.
Que el agua haya comenzado a rebosar no significa necesariamente que la presa natural se haya derrumbado por completo. Binod Parajuli, responsable de Predicción de Inundaciones del Ministerio de Energía y Recursos Hídricos de Nepal, considera además que el volumen acumulado representa aproximadamente un 10% del agua implicada en la riada del miércoles. Los especialistas no esperan por ahora una avenida de la misma magnitud, pero mantienen la alerta ante la posibilidad de una rotura repentina.
La suspensión de los vuelos afecta, entre otros lugares, al complejo hidroeléctrico del Trishuli 3A. El Ejército había conseguido rescatar allí a unas 350 personas y trataba de llegar a más de un centenar de trabajadores y residentes que permanecían atrapados en un túnel cuando se interrumpieron las operaciones. Nepal ha movilizado a más de 13.000 miembros de las fuerzas de seguridad para las tareas de búsqueda, evacuación y asistencia.
En el Tíbet, las autoridades chinas han evacuado o realojado a 499 residentes y trabajadores y a 555 turistas. Pekín asegura que no quedan visitantes aislados en esa región, aunque 558 personas siguen desaparecidas, 260 de ellas extranjeras.
La principal hipótesis sobre el origen de la tragedia apunta al desprendimiento de una enorme masa de hielo y lecho rocoso bajo un glaciar situado a unos 5.200 metros de altitud. El material cayó alrededor de 1.200 metros hasta el fondo del valle, bloqueó temporalmente el cauce y, al ceder la barrera, desencadenó la riada. El Servicio Geológico de Estados Unidos, que inicialmente interpretó la señal como un posible terremoto de magnitud 5,2, determinó posteriormente que correspondía al colapso y a la avalancha de materiales.
Según la televisión estatal china CCTV, la corriente alcanzó velocidades de hasta 200 kilómetros por hora y formó un muro de agua y barro de hasta 15 metros al golpear el puesto fronterizo de Gyirong. A su paso arrasó localidades, centrales hidroeléctricas, viviendas, dependencias policiales y de aduanas, carreteras y decenas de puentes, incluido el Puente de la Amistad entre Nepal y China. Cerca de 40 kilómetros de vías han quedado destruidos o dañados en el corredor que conecta Katmandú con Lhasa.
La corriente ha transportado cadáveres a cientos de kilómetros del lugar del desastre y las morgues de varios distritos, especialmente Chitwan y Pokhara, están alcanzando su límite de capacidad. La Federación Internacional de la Cruz Roja calcula que unas 93.000 personas pueden haberse visto afectadas y ha solicitado 31 millones de dólares para responder a la emergencia. Naciones Unidas ha liberado otros dos millones destinados a atención médica, alojamiento, agua potable y saneamiento.
