Naomi Klein alerta de un fascismo que se prepara para el fin del mundo

La escritora canadiense Naomi Klein y la filósofa Astra Taylor publican este 15 de septiembre en inglés End Times Fascism and the Fight for the Living World (El fascismo del fin del mundo y la lucha por el mundo vivo), un libro que describe cómo una parte de las élites mundiales ha dejado de intentar evitar las grandes catástrofes para comenzar a organizarse con el fin de sobrevivir a ellas.

La obra identifica una convergencia inquietante entre tres universos que hasta hace poco parecían distantes: el fundamentalismo religioso, los grandes magnates tecnológicos y el nacionalismo étnico. No los une una doctrina común, sino una relación compartida con el futuro: la aceptación del colapso como escenario probable.

De la doctrina del shock a la doctrina del búnker

Durante el siglo XX, incluso las ideologías más duras prometían un porvenir de progreso o grandeza. Klein y Taylor observan que ese pacto se ha roto. Una parte de las nuevas élites asume que se avecinan rupturas profundas: cambio climático, guerras, desplazamientos masivos, crisis económicas, agotamiento de recursos y destrucción de empleos por la inteligencia artificial.

En lugar de organizar la sociedad para impedir la catástrofe, comienzan a prepararse para ella. La imagen que recorre el libro es la del búnker: espacios protegidos para quienes pueden pagarlos y un exterior cada vez más inseguro para el resto. Klein ya había detectado un embrión de esa lógica en la Zona Verde de Bagdad durante la ocupación de Irak.

El texto también señala un cambio en las grandes fortunas. Si antes necesitaban justificarse con filantropía o promesas de salvar el planeta, ahora algunas parecen haber adoptado una visión supremacista. Peter Thiel escribió que ya no creía compatibles libertad y democracia; Elon Musk pasó de vender autos eléctricos a ocupar un lugar central en una cultura política radicalizada.

Un fascismo que no vuelve con el mismo uniforme

Klein y Taylor advierten contra la idea tranquilizadora de que el fascismo solo regresará con camisas negras y marchas militares. La historia, dicen, funciona como una espiral: vuelve sobre patrones conocidos, pero con nuevas tecnologías, estructuras económicas y formas de poder. El fascismo contemporáneo puede convivir con instituciones democráticas debilitadas, elecciones y redes sociales.

Para las autoras, su función política es clara: emerge en crisis sistémicas, conecta frustraciones populares con poderes tradicionales, protege a las élites frente a demandas redistributivas y dirige la ira social contra grupos vulnerables convertidos en culpables.

El libro dedica un lugar específico a Chile. Las autoras recuerdan la elección de Salvador Allende, la aparición de Patria y Libertad, el golpe de Estado y la dictadura de Augusto Pinochet, y trazan una línea histórica que llega hasta el actual presidente José Antonio Kast. No sostienen que Chile viva nuevamente 1973, sino que las crisis sistémicas pueden abrir espacios para proyectos que mantienen la estructura económica mientras desplazan la frustración hacia enemigos internos.

El escenario es global: Trump, la Argentina libertaria, el nacionalismo religioso de India, la extrema derecha europea, Israel y Silicon Valley aparecen como manifestaciones distintas de un mismo fenómeno que crece sobre sociedades asustadas ante un futuro incierto.

La lucha por el mundo vivo

La segunda mitad del título es igual de importante. Klein y Taylor sostienen que esta nueva derecha tiene una debilidad enorme: no ofrece un futuro convincente para las mayorías. Tiene enemigos, miedo, fronteras, policías y tecnología, pero no una imagen de sociedad donde puedan vivir dignamente ocho mil millones de personas.

Las autoras escribieron el libro para que sirva a los movimientos que enfrentan el autoritarismo. Frente a la política del búnker, proponen una idea que en estos tiempos parece radical: no escapar del mundo, sino salvarlo.