Militares rocían con gas pimienta a menores migrantes en Ceuta

Nawfaly, un adolescente marroquí de 17 años, caminaba tranquilamente por una calle de Ceuta cuando un vehículo militar se le acercó y un soldado le roció gas pimienta directamente a la cara. Ocurrió a plena luz del día, mientras el joven regresaba de comprar comida en un Mercadona cercano. El ataque, presenciado por elDiario.es, es uno de los tres episodios verificados en la última semana en los que militares españoles han utilizado gas lacrimógeno contra migrantes, dos de ellos menores de edad.

El joven, visiblemente angustiado, se quitó las gafas que evitaron que el químico alcanzara sus ojos. En los cristales aún se apreciaban las gotas del aerosol. Su boca y mejillas comenzaron a enrojecerse de inmediato. "Veníamos de comprar algo de comida, solo estaba andando, miraba el móvil, me han lanzado el spray desde el coche. ¿Por qué nos hacen esto?", relató Nawfaly minutos después del ataque.

Un patrón de agresiones sistemáticas

El caso de Nawfaly no es aislado. Un día después, Reda (nombre ficticio), también de 17 años, fue rociado con gas lacrimógeno por un soldado cuando se dirigía al campamento de la playa del Trampolín, donde duerme. El menor describió a sus agresores como militares con "boinas rojas", el tarbut que usa el Grupo de Regulares de Ceuta. "Eran cuatro. Cuando nos encontramos de frente con uno de ellos, me roció", contó Reda, quien mostró sus ojos enrojecidos e inflamados.

El tercer episodio ocurrió el viernes 18 de septiembre, pasadas las 6:00 de la madrugada. Un furgón militar accedió a una zona privada del polígono del Tarajal, donde un grupo de migrantes dormía en un coche rojo. Según un vídeo al que ha tenido acceso elDiario.es, siete militares rodearon el vehículo, lo golpearon y rociaron con gas lacrimógeno a quienes estaban dentro. "Los soldados le rociaron gas lacrimógeno y ahora no puede ver bien", relató una fuente del asentamiento sobre una de las víctimas.

A pesar de que el Gobierno ha anunciado una investigación interna tras las denuncias de palizas y vejaciones, los migrantes siguen reportando agresiones durante sus actividades cotidianas: dormir, caminar, recoger agua o comprar comida. El Ministerio de Defensa no ha respondido a las preguntas de este medio sobre el uso de gas.

Límites legales y vulnerabilidad infantil

El uso de gas pimienta por parte de las fuerzas de seguridad está regulado por directrices internacionales. Anaïs Franquesa, directora del Centro para la Defensa de los Derechos Humanos Iridia, explica que estas armas "solo deben usarse cuando las fuerzas del orden tengan motivos para creer que existe una amenaza inminente de daño". La jurista advierte que emplear gas con el objetivo de castigar, discriminar o humillar "podría ser constitutivo de tortura o un delito contra la integridad moral".

La OSCE también alerta de que la infancia es especialmente vulnerable a los efectos psicológicos del gas pimienta. En el caso de Nawfaly, la zona estaba tranquila, sin altercados de seguridad, y el joven simplemente caminaba hacia su asentamiento.

Marco Antonio Gómez, portavoz de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), declaró a elDiario.es: "No tenemos conocimiento [de estos hechos]. No quiere decir que no se produzcan, pero no hay ninguna evidencia legal ni jurídica que nos haya llegado". Gómez añadió que si algún militar se excede en el cumplimiento de su trabajo, "se tiene que aplicar la ley".

Mientras tanto, menores como Reda siguen sin ser acogidos en centros de protección a pesar de que la Ley del Menor obliga al Estado a filiar y proteger a los menores no acompañados. "Lo que más miedo me da de estar en la calle es que me peguen los militares", confiesa el adolescente. La investigación gubernamental sigue en curso, pero las agresiones no han cesado.