La jornada electoral en Marruecos ha confirmado los peores presagios para las autoridades: a dos horas del cierre de los colegios, solo un 28% de los inscritos había depositado su voto, ocho puntos por debajo de la cifra registrada a esa misma hora en 2021. La abstención, que ya rozó el 50% hace cinco años, se ha convertido en el protagonista indiscutible de unos comicios legislativos marcados por el descontento social y la crisis de Ceuta.
El malestar económico ha sido el eje central de la campaña. La pérdida de poder adquisitivo, una tasa de desempleo juvenil que supera el 35% y las deficiencias en los servicios públicos han dominado los debates. La coalición gubernamental, integrada por el Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) e Istiqlal, intentó contrarrestar este descontento con la promesa de crear un millón de puestos de trabajo, un compromiso recibido con escepticismo ante las cifras de participación.
La juventud, la gran ausente
Los datos son especialmente preocupantes entre los más jóvenes. De los 15,7 millones de personas inscritas para votar, solo un 4% tiene entre 18 y 24 años, en un país con 28 millones de potenciales votantes donde este rango de edad representa el 12% de la población. Esta baja participación juvenil refleja la desafección de una generación que ya salió a las calles el año pasado para exigir mejores servicios públicos y que, doce meses después, sigue sumida en la precariedad.
La crisis de Ceuta, provocada por la entrada de miles de personas en la ciudad autónoma a finales de julio, ha evidenciado que la juventud marroquí mira más hacia Europa que hacia su propio país en busca de un futuro mejor. Esta situación alimenta un éxodo continuo hacia España que se ha convertido en una válvula de escape ante la falta de oportunidades.
La paradoja marroquí es evidente: el país crece a un ritmo cercano al 5% gracias a la inversión pública en infraestructuras, la consolidación de su sector automovilístico y el dinamismo de los servicios, pero este crecimiento no se traduce en una mejora de la calidad de vida. Mientras se destinan partidas multimillonarias a estadios de vanguardia y líneas de alta velocidad, el sistema sanitario afronta una falta crónica de personal y los centros educativos presentan un deterioro significativo. Esta brecha alimentó el lema de las protestas del año pasado: «No queremos Mundial, queremos Sanidad».
El paro juvenil afecta especialmente a los titulados universitarios debido a un desajuste estructural entre el sistema educativo y las necesidades del tejido empresarial. Aunque los salarios en empleos cualificados superan la renta mínima, persiste una gran bolsa de empleo informal y precario en los sectores menos cualificados.
En el plano político, la campaña ha estado marcada por las tensiones entre los socios de Gobierno y la irrupción de Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, quien se ha incorporado a las filas del PAM. Su llegada ha causado malestar en el partido del primer ministro, Aziz Akhannouch. Para la mayoría abstencionista, estos cambios no representan más que una continuidad de un modelo que prioriza la macroeconomía y los grandes eventos sobre las reformas sociales.
El escrutinio continúa y se espera que la participación final confirme la tendencia de una ciudadanía que, especialmente la más joven, ha decidido dar la espalda a las urnas como forma de protesta silenciosa.
