La princesa Leonor comienza su andadura universitaria en la Universidad Carlos III de Madrid, un acontecimiento que la prensa dinástica se prepara para cubrir con un nuevo álbum de fotos. Sin embargo, este estreno universitario no está exento de polémica, ya que se cuestiona el trato privilegiado que recibirá la heredera al trono y el uso propagandístico de su educación.
La columna señala que, según fuentes no confirmadas, a los profesores seleccionados se les habría advertido de que la princesa debe aprobar asistiendo solo dos días a la semana a clase. Esta situación contrasta con el esfuerzo que se exige al resto del alumnado y reabre el debate sobre la meritocracia en el sistema educativo.
Un pasado marcado por el escándalo
La elección de la universidad no es casual. Se desaconsejó matricularla en la Universidad Juan Carlos I debido al desprestigio que arrastra desde el escándalo del máster falsificado de Cristina Cifuentes (PP). En aquel caso, catedráticos y profesores se prestaron a falsificar firmas y documentos, lo que ya habría hecho sospechosa a Leonor desde el principio.
El sociólogo Carlos Gil, reconocido por su tesis sobre la desigualdad social en la educación, expone que "el 90 por ciento de los que vienen de arriba triunfa pese a ser unos zoquetes o unos vagos". En la familia real, ese porcentaje asciende al cien por cien, lo que evidencia que la meritocracia es un fraude.
La historia educativa de los Borbones
La columna repasa la trayectoria de la monarquía en materia educativa, destacando que los miembros de la familia real no necesitaban formarse, pero a partir de los hijos de Juan Carlos y Sofía comenzaron a cuidar las apariencias. Los tres niños pasaron por la universidad para engrosar sus currículos, aunque no ejercieran lo estudiado.
Se recuerda que el primer rey que impulsó una educación pública de calidad fue José I Bonaparte, quien creó un Ministerio del Interior para fomentar la instrucción pública. Su plan, que incluía desde las primeras letras hasta las altas ciencias, fue un intento progresista que fracasó por la oposición de los Borbones y la Iglesia.
Durante el Trienio Liberal (1820-1823), los políticos intentaron recuperar el proyecto de Instrucción Pública, pero Fernando VII volvió a entregar la educación a la Iglesia y restableció la Inquisición. El político Juan Romero Alpuente afirmó que la enseñanza era el "arma única con que se defiende un Estado liberal".
La República y la depuración de maestros
La Segunda República fue el mejor intento de reforma educativa progresista y laica, con la creación de misiones pedagógicas que llegaron a 7.000 pueblos y más de 5.500 bibliotecas. Sin embargo, Franco y la Iglesia depuraron a 50.000 maestros y maestras tras el golpe de Estado.
El historiador Josep Fontana reflexionó: "Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una República que formó maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestros, cerró escuelas y quemó libros".
La columna concluye que la educación libre y laica ha tenido siempre enemigos poderosos, y que la llegada de Leonor a la universidad no es más que un nuevo capítulo de propaganda monárquica. Si la princesa no destaca académicamente, nunca se sabrá, gracias a la complicidad de alumnos, profesores y periodistas afines a la causa.
La autora, que se define como "cansina republicana", sugiere que a Leonor deberían enseñarle las calamidades que su dinastía ha traído a la educación española, para que entienda el rechazo que genera. Mientras tanto, la princesa estudiará Ciencias Políticas en la Carlos III, una universidad que lleva el nombre del único Borbón que "salva mínimamente la cara", aunque solo por una mejor campaña de márketing.
La información disponible no incluye declaraciones oficiales de la Casa Real ni de la universidad sobre las condiciones académicas de la princesa.
