La purga del secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha dejado vacíos puestos de liderazgo clave en el Pentágono, mientras el ejército estadounidense vive su período más activo desde las guerras de Irak y Afganistán. Los despidos masivos han eliminado a perfiles experimentados, afectando la cadena de mando en un momento crítico para la seguridad nacional.
Posiciones críticas, como la de jefe del Estado Mayor del Ejército o la Dirección del Equipamiento de las Unidades Terrestres, de la que depende el abastecimiento de misiles Patriot, siguen vacías. Esta situación se produce en parte por los despidos arbitrarios del secretario de Defensa, que han dejado al cuerpo militar sin los perfiles más experimentados para ocupar los altos cargos.
Carrie A. Lee, investigadora sénior en Democracia y Seguridad del German Marshall Fund, señala que lo que hace diferente este episodio es la magnitud de los cambios en los niveles más altos del liderazgo. "No hay nadie allí que pueda cubrir el vacío cuando se elimina a la cúpula", afirma.
Despidos sin precedentes
El secretario de Defensa y el presidente han destituido o apartado por la fuerza a al menos 23 altos mandos militares desde el comienzo de la administración. "Eso no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Y ahora mismo estamos sintiendo los efectos de ello", subraya Lee.
Uno de los casos más destacados es el del general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército, destituido sin explicación en abril. Semanas después, The Washington Post reveló que Hegseth había presionado al general para cerrar una investigación sobre el músico Kid Rock, aliado de Donald Trump, relacionada con un sobrevuelo no autorizado de un helicóptero militar sobre su finca en Tennessee.
El Ejército está combatiendo en Irán sin una de sus figuras más importantes al mando. "El Ejército, por su enorme tamaño, depende en gran medida del jefe del Estado Mayor para recibir liderazgo, establecer prioridades, marcar la dirección y liderar la transformación", explica Lee.
Salidas voluntarias y vacíos críticos
El agujero en el puesto de Comando de Transformación y Entrenamiento del Ejército también resulta extremadamente crítico. El conflicto en Oriente Medio está consumiendo los misiles más críticos del arsenal del Pentágono, como los Patriot y los sistemas THAAD. Hegseth seleccionó al general David M. Hodne para dirigir ese comando y ocho meses después lo despidió sin dar explicaciones.
En junio, Hegseth obligó al general Christopher T. Donahue, máximo comandante en Europa, a retirarse. Donahue era considerado un referente en la adaptación militar a un futuro campo de batalla dominado por drones e inteligencia artificial, justo cuando los drones iraníes comprometen las capacidades defensivas de Estados Unidos.
Además de los ceses, hay salidas voluntarias. Se espera que el secretario del Ejército, Daniel P. Driscoll, abandone la administración en los próximos meses. Driscoll era visto como un posible reemplazo de Hegseth y trabajaba con George para preparar al ejército ante la amenaza de los drones.
Clima de intimidación
La purga sistémica ha provocado un clima de malestar donde los expertos militares temen cumplir su papel de asesores. "El Pentágono tiene ahora un liderazgo muy nuevo que ha sido suficientemente intimidado como para guardar silencio debido a la enorme cantidad de cambios y, además, a la falta de liderazgo en puestos clave", advierte Lee. "Y eso es una receta para recibir mala información y estar constantemente desprevenidos".
La situación refleja una creciente bunkerización de la Casa Blanca, donde las decisiones se toman sin contar con el asesoramiento militar experimentado, en un momento en que Estados Unidos enfrenta múltiples frentes abiertos.
