La negativa de Ed Sheeran a posicionarse sobre el genocidio en Gaza le ha estallado en las manos. Tras ceder a las presiones de un multimillonario propietario de estadios y apartar a Macklemore de su gira, el resto de sus teloneros y su propia banda han renunciado en bloque, dejando al artista en una situación insostenible.
La decisión de Sheeran de retirar a Macklemore de su gira estadounidense, motivada por la presión de Robert Kraft, dueño de los estadios y ferviente defensor de Israel, ha desencadenado una reacción en cadena. Lo que parecía un gesto para evitar conflictos se ha convertido en un boomerang: Finneas, Lukas Graham, Aaron Rowe y la banda de acompañamiento Beoga han anunciado su salida de la gira en solidaridad con Macklemore y con la causa palestina.
"He decidido retirarme de mis próximas fechas de gira con Ed Sheeran. Estoy con Palestina y su pueblo", declaró Finneas en un comunicado. La contundencia de estas renuncias ha dejado al descubierto la fragilidad de la llamada "neutralidad" de Sheeran, que ha sido ampliamente criticada por cobarde e hipócrita.
Un cambio de paradigma
La reacción no se ha limitado al ámbito musical. La entertainer infantil Ms. Rachel arremetió contra Sheeran en redes sociales: "Imagina ser un niño palestino y ver que dio un concierto por Ucrania pero cuando más de 20.000 niños palestinos han sido asesinados, calla". La comparación con su actuación benéfica para Ucrania en 2022 ha sido un golpe directo a su credibilidad.
El episodio refleja un fenómeno más profundo: el coste reputacional de no condenar el genocidio está aumentando. Durante años, hablar contra las acciones de Israel ha tenido un precio altísimo para las celebridades. Ahora, la lógica parece invertirse. Como señaló el cómico Sammy Obeid: "La razón por la que la mayoría de los artistas famosos siguen callados sobre el genocidio en Palestina es simple: tienen miedo de que hablar les cueste dinero. Así que la solución es simple: hacer que su silencio sea aún menos rentable".
Sheeran, que no es un objetivo directo del movimiento BDS, ha visto cómo su intento de mantener una posición neutra lo ha convertido en el centro de una tormenta política. Su afirmación de que "no soy cómplice" y que no usa su plataforma para política ha sido recibida con escepticismo, especialmente tras su concierto por Ucrania.
El caso Macklemore, como se ha dado en llamar, no solo ha expuesto la hipocresía de Sheeran, sino que puede marcar un punto de inflexión en la cultura mainstream. La solidaridad con Palestina, antes marginada, se está normalizando, y el silencio cómplice empieza a ser visto como una carga.
La gira de Sheeran continúa, pero sin sus músicos habituales. El artista tendrá dificultades para encontrar sustitutos dispuestos a enfrentar la reacción pública. Mientras tanto, el genocidio en Gaza sigue en curso y la venta de armas a Israel por parte de Estados Unidos continúa, recordando que, aunque el episodio sea significativo, los verdaderos stakes son mucho más altos.
