La invasión olvidada de Irán: Churchill y Stalin ocuparon el país en 1941

El 25 de agosto de 1941, el Reino Unido y la Unión Soviética lanzaron una invasión conjunta del Estado Imperial de Irán, una nación que se había declarado neutral en la Segunda Guerra Mundial. La operación, que buscaba asegurar los yacimientos petrolíferos y abrir un corredor de suministros hacia la URSS, arrastró al país al empobrecimiento y al caos político. Este episodio, conocido como la invasión olvidada de Irán, dejó una profunda huella en la memoria colectiva iraní.

La invasión se produjo once días después de que Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill firmaran la Carta del Atlántico, que defendía la soberanía de los pueblos. El sha de Irán, Reza Shah Pahlavi, envió un telegrama a Roosevelt pidiendo el fin de la ocupación, pero el presidente estadounidense justificó la acción apelando a la "ambición germana de dominación mundial". Churchill, por su parte, invocaría más tarde el principio Inter arma silent leges ("en tiempo de guerra, las leyes callan").

Desde 1921, Reza Shah había modernizado Irán, creando un ejército permanente, códigos civiles y el ferrocarril transiranio. Alemania se había convertido en su principal socio comercial, lo que preocupaba a los aliados. Cuando estalló la guerra, Irán proclamó su neutralidad, pero la Operación Barbarroja convirtió al país en un objetivo estratégico: era la única ruta terrestre practicable para enviar material al Ejército Rojo y custodiaba el petróleo de Juzestán.

Londres y Moscú encontraron el casus belli en la presencia de alemanes en Irán, presentados como una "quinta columna". Sin embargo, la historiografía ha desmontado este argumento: la colonia alemana no superaba el millar de personas y las actividades de espionaje alemán fueron un fracaso.

La campaña fue breve y asimétrica. Desde el sur, dos divisiones indias tomaron Abadán, Khorramshahr y Ahvaz, mientras que desde el norte, tres ejércitos soviéticos avanzaron sobre Tabriz y Ardabil. El ejército iraní, de unos 125.000 hombres, se descompuso en días. El 28 de agosto, el nuevo gobierno de Mohammad Ali Foroughi ordenó el alto el fuego, con cerca de 900 muertos iraníes frente a 60 anglosoviéticos.

Los invasores exigieron la abdicación de Reza Shah, que se produjo el 16 de septiembre en favor de su hijo Mohammad Reza. El país quedó dividido en zonas de ocupación: soviética al norte, británica al sur y una zona neutral central. Reza Shah fue exiliado a Johannesburgo, donde murió en 1944.

El Corredor Persa

La ocupación se formalizó con el Tratado Tripartito en enero de 1942, que permitió a los aliados usar el territorio iraní para el esfuerzo de guerra. Se construyó el Corredor Persa, por el que transitó cerca de la mitad de la ayuda estadounidense a la URSS. Churchill llamó a Irán el "puente de la victoria", y en 1943 se celebró la Conferencia de Teherán con Roosevelt, Stalin y Churchill.

Para los iraníes, las consecuencias fueron catastróficas: requisas de vehículos, escasez de alimentos y medicinas, inflación desatada y una epidemia de tifus. Se estima que cientos de miles de iraníes murieron. Además, llegaron más de cien mil refugiados polacos, y las tribus locales se rebelaron, algunas asesoradas por alemanes.

Tras la guerra, los británicos y estadounidenses se retiraron, pero los soviéticos se negaron, lo que provocó la crisis de Irán de 1946, una de las primeras de la guerra fría. Finalmente, Stalin retiró sus tropas.

La lección de 1941 permanece en el imaginario iraní. Para la República Islámica, el episodio prueba la perfidia de las potencias globales y la ilegitimidad de la dinastía Pahlavi. En 2010, el presidente Ahmadineyad exigió compensaciones por la ocupación. La invasión olvidada de Irán sigue siendo un agravio que los iraníes recuerdan, como aquel día en que se cortó la electricidad en Teherán y los cines cerraron, para reabrir bajo el control de los ocupantes.