El autor de este análisis sostiene que los creyentes recurren a la interpretación bíblica como un mecanismo para evadir las contradicciones y pasajes aberrantes de las Escrituras. Según su planteamiento, esta práctica se aplica selectivamente: solo se interpretan los versículos que resultan inverosímiles o que chocan con la moral contemporánea, mientras que aquellos que son científicamente plausibles o que se alinean con sus creencias se toman como literales.
El texto, publicado en el blog "Ateísmo para Cristianos", parte de una experiencia recurrente: al señalar versículos incoherentes o violentos, la respuesta suele ser que "ese versículo debe interpretarse" o que "está fuera de contexto". Para el autor, esta réplica cierra cualquier posibilidad de diálogo racional, ya que invalida de antemano cualquier objeción.
El criterio selectivo de la interpretación
El análisis cuestiona por qué hechos como la crucifixión se consideran literales, mientras que el diluvio universal o los muertos que resucitaron al morir Jesús se catalogan como simbólicos. La respuesta que ofrece es que los creyentes solo aplican la interpretación a los relatos que la ciencia y la razón contradicen. Así, cuanto más absurdo es un pasaje, más necesidad tiene de ser "interpretado".
El autor también aborda las leyes del Levítico, muchas de las cuales describe como disparatadas y bárbaras. Señala que, aunque el mismo Dios las declara "perpetuas y eternas", los cristianos las ignoran o las reinterpretan. En cambio, no se cuestiona la literalidad de mandatos como "amar al prójimo", lo que sugiere una selección interesada.
La diversidad de interpretaciones y sus consecuencias
La multiplicidad de denominaciones cristianas se explica, según el texto, por las distintas interpretaciones que cada grupo hace de la Biblia. El autor se pregunta cómo saber cuál es la correcta y qué sucedería si en el juicio final Dios reprochara una interpretación errónea. También plantea que, si Dios es perfecto y soberano, resulta contradictorio que haya permitido un libro tan ambiguo y propenso a malentendidos.
El artículo concluye con una reflexión dirigida al lector creyente: si la interpretación es necesaria para los pasajes difíciles, también debería aplicarse a los versículos que le resultan cómodos, como "Dios es amor" o "amar al prójimo". La idea subyacente es que la interpretación selectiva revela una acomodación de la fe a las propias convicciones morales.
