La huella española se borra en Marruecos: el Rif entre el olvido y la memoria

Medio siglo después de la independencia de Marruecos, la huella española se borra en el antiguo protectorado del norte, donde la región del Rif sigue marcada por la marginación y las heridas del pasado. El legado colonial se desvanece mientras ciudades como Tánger, Tetuán y Alhucemas conservan un vínculo histórico con España, aunque su realidad actual dista de aquella época. La figura del líder rifeño Abdelkrim y la represión de Hassan II planean sobre un territorio que aún reclama reparación y desarrollo.

España concedió la independencia a la franja norte de Marruecos el 7 de abril de 1956, 37 días después de que lo hiciera Francia. Esa zona, de unos 30.000 kilómetros cuadrados, coincidía con la costa mediterránea y las montañas del Rif, donde hoy viven unos seis millones de personas. Pese al júbilo en las calles de Tetuán, los españoles no dejaron mal recuerdo: "A diferencia de los franceses, se mezclaban con los marroquíes, eran los vecinos con los que se intercambiaban visitas", afirma Abdelmejid Benjeloun, autor de varios libros sobre el Marruecos septentrional.

Sin embargo, el Rif acusaba en 1956 un fuerte retraso respecto a Casablanca, donde aún se genera el 45% del PIB del reino. Para colmo, algunas infraestructuras, como el ferrocarril de Ceuta a Tetuán, fueron desmanteladas tras la independencia. "Españoles y marroquíes se peleaban para quedarse raíles y vagones de un tren que había dejado de circular", recuerda Abdessalam Amrani, de 94 años, antiguo empleado de la compañía ferroviaria.

La represión y el olvido

El descontento llevó al Rif a sublevarse en 1958, y Mulay Hassan, el futuro Hassan II, fue el encargado de aplastar la rebelión con una represión brutal. Tras su entronización, Hassan II continuó marginando a los rifeños: "Creía que no éramos sujetos leales", señala Mehdi Benouna, de 89 años, hijo de un líder nacionalista de Tetuán. "Por eso, en sus 36 años de reinado nunca visitó oficialmente la zona", añade. Apenas hubo inversión pública en el antiguo protectorado, y la región quedó aún más postergada.

Said Jatabi, hijo de Abdelkrim, recalca: "La responsabilidad primordial por nuestro subdesarrollo no incumbe a España, sino a Marruecos". Aunque reconoce que la España de Franco "propulsó a Marruecos hacia una cierta modernidad, sobre todo en sanidad", hoy no hay un solo hospital oncológico en el norte.

Cuando Mohamed VI accedió al trono en 1999, marcó distancias con su padre. Su primer viaje oficial fue al norte, y desde entonces pronuncia el discurso del trono desde Tánger. "Aquella visita real supuso el principio de la reconciliación", sostiene Jatabi, pero la herida abierta por Hassan II no acaba de cerrarse. El informe de la Instancia Equidad y Reconciliación, creada en 2004, ha dedicado escasa atención a la represión en el Rif, según denunciaron ONG marroquíes.

El peso de Ceuta y Melilla

La fascinación por España ha crecido a pesar del declive de la lengua española. La renta per cápita española cuadriplicaba a la marroquí en 1970 y hoy la multiplica por 15. "El norte reitera que es pobre porque se compara con España, no con Marruecos", resalta Driss Benhima, hasta hace poco director de la Agencia del Norte.

Ceuta y Melilla son las auténticas capitales económicas del norte. La Cámara de Comercio Americana de Casablanca calcula que el contrabando genera 400.000 "empleos basura", con exportaciones irregulares de unos mil millones de euros anuales. "El cierre casi hermético al que están sometidas esas ciudades hace que sólo emanen de ellas efluvios tóxicos", se queja Benhima.

La patronal ceutí pidió a la diplomacia española negociar con Rabat una frontera comercial para exportar legalmente a Marruecos, pero no ha llegado propuesta alguna. La desaparición en 2010 de aranceles entre Marruecos y la UE y la apertura de Tánger-Med amenazan el contrabando, motor económico de ambas ciudades.

El Rif sigue siendo diferente del resto de Marruecos: más densamente poblado, más joven y más rural, con el 65% de sus habitantes viviendo en el campo. El cultivo de hachís ocupa el 27% de su superficie agrícola, y Marruecos es el primer exportador mundial de esta droga. Las élites locales ansían una autonomía como la que Rabat prepara para el Sáhara Occidental, mientras el recuerdo de Abdelkrim y la represión aún pesan en la memoria colectiva.