La cultura de propinas estadounidense se ha extendido al Reino Unido, transformando la experiencia de consumidores que ahora se sienten obligados a dejar propina incluso por un café. Los cargos por servicio, que antes eran opcionales, se han vuelto cada vez más frecuentes y las cantidades sugeridas aumentan, generando incomodidad y confusión entre los británicos.
Greg Double, un creativo de una empresa de relaciones públicas, relata su experiencia en un pub de Londres: "Me molestó que la pinta costara ocho libras, pero cuando añades el servicio encima, es absolutamente delictivo". Esta anécdota refleja el sentir de muchos, que ven cómo la propina se solicita en establecimientos donde antes no era habitual, como bares, cafeterías o incluso máquinas de autoservicio.
El papel de la tecnología
La tecnología ha acelerado este cambio. El profesor John Vines, de la Universidad de Edimburgo, explica que los sistemas de pago digitales están diseñados para reducir la fricción y fomentar el gasto. "Estos sistemas se presentan como una forma de facilitar la propina, pero en realidad nos animan a gastar más", señala. Las terminales de punto de venta ofrecen opciones de propina que, en muchos casos, llevan a los clientes a elegir una cantidad mayor por presión social.
Vines también apunta que la infraestructura tecnológica proviene en gran medida de Estados Unidos, y con ella se importan valores y costumbres que reescriben las expectativas sociales. "Aunque no sea intencionado, estos sistemas incorporan valores estadounidenses que aplanan la diversidad de otras culturas", añade.
La presión social y las propinas
La presión social es el principal motivo por el que la gente deja propina, según Michael Lynn, profesor emérito de la Universidad de Cornell. Factores como la sonrisa del camarero o el contacto visual pueden influir significativamente en la decisión de dar propina. Lynn también señala que existe un sesgo racial y de género en las propinas, aunque los estudios no son concluyentes.
En Estados Unidos, la fatiga de propinas es real: en 2022, el 52% de los encuestados preferiría que se eliminaran, aunque la cifra ha bajado al 40% en encuestas posteriores. Aun así, los consumidores se quejan de que se les pide propina por más servicios y en cantidades mayores.
Consejos para navegar la nueva normalidad
Jo Bryant, experta en etiqueta de The English Manner, recomienda seguir dando propina en restaurantes, pero sin caer en la doble propina. "En restaurantes, generalmente, alrededor del 12%", sugiere. En bares y cafeterías, no hay obligación de dar propina, salvo que haya servicio de mesa. Si la situación resulta incómoda, Bryant aconseja dar una propina generosa en Navidad, envuelta en el espíritu festivo.
La cultura de propinas en el Reino Unido se ha convertido en un campo minado, y los consumidores deben decidir entre seguir la corriente o resistirse. Mientras tanto, la influencia de las empresas tecnológicas estadounidenses sigue moldeando las costumbres locales, dejando a muchos con la sensación de que la propina ya no es opcional.
