Tres jóvenes rusos que huyeron de Rusia para no ser enviados al frente en Ucrania han relatado sus experiencias. Anatoli, Serguéi y Vitalii, nombres figurados para proteger su identidad, describen el miedo a ser detenidos en la calle y obligados a firmar un contrato de alistamiento. Sus historias reflejan la presión que sufren muchos ciudadanos rusos en edad militar desde el inicio de la invasión.
Huir tras la movilización
Anatoli había completado el servicio militar obligatorio en 2021, meses antes de la invasión. Durante la movilización parcial decretada por Vladímir Putin, fue convocado de nuevo. "Me llamaron a filas en otoño de 2022, pasé una semana en el centro de reclutamiento y decidí huir", explica. Abandonó el país por vía aérea tras un tenso control de pasaportes en un aeropuerto de Moscú.
Ahora vive en un país sin frontera terrestre con Rusia y trabaja como técnico especialista. Espera llegar a la Unión Europea con ayuda de oenegés, aunque carece de pasaporte extranjero. Al ser desertor, figura en una lista federal de busca y captura, y su familia ha sufrido presiones: "Han amenazado a mi madre, diciéndole que le podía pasar algo".
Negativa por convicción
Serguéi, por su parte, basa su rechazo en motivaciones ideológicas y pacifistas. "Había leído las memorias de soldados en Chechenia y Afganistán y no quería entrar en el Ejército de Rusia", afirma. Llegó a su destino en abril, tras superar un control aeroportuario y borrar el contenido de su móvil para evitar problemas.
Aunque no había sido movilizado oficialmente, conocía casos de detenciones en la calle y alistamientos forzosos. Un familiar lejano en Sarátov fue obligado a firmar un contrato. "En Rusia no tenemos derechos, y pueden amargarte la vida de muchas formas si no firmas", sostiene. Su situación es precaria, pues entró como turista y carece de permiso de residencia, pero le tranquiliza que un ministro local haya garantizado que no serán devueltos.
Voluntario que desertó
Vitalii firmó como voluntario porque movilizaron a sus hermanos y no quiso dejarlos atrás. Llegó a pisar suelo ucraniano, pero ahora teme que lo encuentren y lo envíen de vuelta a la "zona de la Operación Militar Especial", término que ha asumido del argot castrense ruso. Abandonó Rusia en febrero y también tiene una orden de busca y captura.
Alekséi Alshanski, exmilitar e investigador de Conflict Intelligence Team, explica que la deserción se complica una vez que el soldado ha estado en Ucrania, debido a los controles fronterizos. Sin embargo, una vez fuera de la zona militar, la huida es más fácil: "Rusia es un país muy grande, con fronteras muy porosas".
Estos testimonios muestran cómo la guerra iniciada por Putin ha truncado las expectativas de muchos jóvenes rusos, que ahora viven en modo supervivencia. Las historias de Anatoli, Serguéi y Vitalii son un reflejo de un fenómeno más amplio que afecta a la población masculina en edad militar.
