Jacqueline Bisset: La leyenda que conquistó Hollywood

Jacqueline Bisset, nacida el 13 de septiembre de 1944, es una actriz británica que inició su carrera cinematográfica en 1965. Su salto a la fama llegó en 1968 con papeles en El detective, Bullitt y The Sweet Ride, este último le valió una nominación al Globo de Oro como nueva promesa. Desde entonces, se convirtió en un símbolo sexual internacional y una de las actrices dramáticas más respetadas de su generación.

De promesa a estrella de los 70

Tras irrumpir en Hollywood junto a Steve McQueen en Bullitt (1968), Bisset dominó la década de los setenta en múltiples géneros. Protagonizó Aeropuerto (1970) como la azafata embarazada Gwen Meighen, en una de las películas más taquilleras de la década que lanzó el género de catástrofes. También trabajó con el auteur europeo François Truffaut en La noche americana (1973), ganadora del Óscar a mejor película extranjera, consolidando su estatus en el cine de arte internacional.

En Abismo (1977), su escena inicial bajo el agua con una fina camiseta blanca se convirtió en un fenómeno global. La revista Newsweek la declaró "la actriz más bella de todos los tiempos", y la película popularizó la moda de la camiseta mojada en todo el mundo. Sin embargo, Bisset expresó en varias ocasiones su frustración porque los medios se centraban en su apariencia física más que en su interpretación. Ese mismo año participó en la adaptación de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express (1974) y en Who Is Killing the Great Chefs of Europe? (1978), por la que obtuvo otra nominación al Globo de Oro.

Reinvención en los 80

En la década de 1980, Bisset cambió deliberadamente hacia roles más complejos y maduros que mostraran su versatilidad dramática. Protagonizó junto a Candice Bergen Ricas y famosas (1981), la última película de George Cukor, interpretando a una novelista ambiciosa e intransigente. En Class (1983) dio una audaz actuación como una atractiva mujer mayor que tiene una aventura con el compañero de internado de su hijo, interpretado por Andrew McCarthy. Volvió a trabajar con el director John Huston en Bajo el volcán (1984), junto a Albert Finney, con una trágica interpretación como Yvonne Firmin que le valió elogios de la crítica.

Consciente de los cambiantes roles disponibles para las mujeres en los grandes estudios, Bisset asumió importantes papeles televisivos, destacando como Josefina de Beauharnais en la aclamada miniserie Napoleón y Josefina: Una historia de amor (1987). A lo largo de ambas décadas, mantuvo una reputación de privacidad e independencia, negándose a conformarse con las expectativas típicas de los estudios de Hollywood mientras equilibraba blockbusters estadounidenses con cine de autor europeo.

La trayectoria de Bisset refleja una carrera construida sobre decisiones artísticas arriesgadas y una firme defensa de su intimidad, consolidándose como una figura perdurable en la historia del cine.