La extracción de esperma postmortem (PMSR) se ha institucionalizado en Israel como una política de Estado tras los ataques del 7 de octubre, según revela una investigación. Una cuarta parte de todos los soldados varones fallecidos desde entonces han pasado por este procedimiento, que busca asegurar la continuidad biológica judía incluso después de la muerte.
La práctica, antes controvertida y poco frecuente, fue facilitada por una normativa temporal aprobada por los Ministerios de Sanidad y Justicia que permite a los padres autorizar la extracción sin aprobación judicial. Esta medida sigue vigente y ha sido renovada mes tras mes.
Un cambio normativo sin precedentes
Antes de octubre de 2023, la PMSR se realizaba solo en casos aislados y con supervisión judicial. La nueva normativa, adoptada en los días posteriores a los ataques, eliminó la necesidad de autorización judicial y permitió que los padres decidieran inmediatamente después de la muerte de sus hijos. Según la socióloga Yael Hashiloni-Dolev, la lógica operativa ahora es "primero extraer, después hacer las preguntas legales".
El procedimiento debe realizarse en las 72 horas posteriores al fallecimiento. Los oficiales militares que notifican la muerte a las familias ahora sugieren proactivamente la extracción de esperma. El doctor Eran Altman, director del banco de esperma del Centro Médico Rabin, declaró que "el ejército se ha vuelto muy eficiente a la hora de traernos los cadáveres".
Financiación estatal y apoyo político
El Estado financia el procedimiento y lo supervisa a través del Ministerio de Sanidad. Se realiza en cuatro hospitales principales, donde también se congela y almacena el esperma. Según Altman, unos 250 soldados y miembros de las fuerzas de seguridad se han sometido a la extracción postmortem, una cuarta parte de todos los soldados varones fallecidos desde el 7 de octubre.
La práctica se enmarca en un contexto de pronatalismo extremo. Israel tiene la tasa de fertilidad más alta de la OCDE, con 3,1 hijos por mujer. La profesora Daphna Hacker explica que "la supervivencia de la nación es el motor dominante" y que el Gobierno instrumentaliza el duelo para mantener el conflicto.
Consentimiento y críticas éticas
Expertos cuestionan la falta de consentimiento real de los fallecidos. Un estudio revela que el 63% de los soldados israelíes está en contra de que sus padres utilicen su esperma tras su muerte. Shai Lavi, del Instituto Van Leer, señala que "la presunción legal se ha invertido: si el fallecido no dijo explícitamente que no, cada vez más a menudo los tribunales asumen que hay consentimiento".
Hacker advierte que esta práctica es "sumamente patriarcal" y perjudica a las madres, los hijos y los padres. Además, critica que se presiona a las viudas jóvenes para someterse a fecundación in vitro con esperma recuperado en lugar de rehacer sus vidas.
El debate sobre una legislación formal sigue bloqueado en la Knesset por partidos religiosos. Mientras tanto, la sociedad israelí avanza hacia la normalización de la PMSR sin un debate ético profundo. Como reflexiona el profesor Zvi Triger, "crear la fantasía de que la muerte no es el final es un mecanismo que justifica la guerra eterna".
