Irán denuncia crímenes de guerra por el ataque a Lamerd

El polideportivo de Lamerd, una ciudad en el sur de Irán, fue uno de los primeros blancos alcanzados por misiles estadounidenses e israelíes la tarde del 28 de febrero. En ese momento, varios niños jugaban al fútbol sin saber que la guerra había estallado. El ataque, que según las autoridades iraníes dejó 21 muertos, entre ellos cuatro menores, ha sido calificado por Teherán como un crimen de guerra debido al uso de armas prohibidas contra la población civil.

Un ataque sorpresivo en medio de la vida cotidiana

Mahdia Nayafi, de 11 años, sobrevivió al impacto pero lleva un fragmento de metralla alojado en el cuello. Recuerda haber escuchado una fuerte explosión y haber corrido a esconderse. Al salir, buscó a uno de sus amigos, quien le pedía ayuda entre gritos. "Era mi amigo del alma y ahora está muerto", relata Mahdia, quien aún convive con las secuelas físicas y emocionales del ataque. Sus padres expresan desconcierto y dolor; su madre insiste en que en la ciudad no había instalaciones militares y no entiende por qué atacaron el polideportivo.

Evidencia de un armamento letal

Los cuatro misiles utilizados no dejaron los cráteres típicos de un impacto convencional. Según la denuncia iraní, cada proyectil contenía alrededor de 180.000 pellets de tungsteno que se dispersaron cientos de metros, causando daños masivos. Una pared de una vivienda quedó completamente agujereada por decenas de impactos. Zahra, una vecina que se escondió en un armario con sus hijos, califica su supervivencia como un milagro y lamenta la muerte de su vecino, que iba a trabajar.

Las víctimas son recordadas en el polideportivo, donde se colocaron sus fotos sobre ataúdes cubiertos con la bandera de Irán. Alireza, un fotógrafo local, capturó imágenes de la confusión y destrucción en lugares donde no se ven armas ni militares, solo cientos de marcas en el asfalto junto al campo de fútbol.

Acusaciones y silencio oficial

Irán acusa a Estados Unidos de haber cometido crímenes de guerra. Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, sostiene que se utilizaron armas diseñadas para aumentar el número de víctimas entre la población. "Probaron armas prohibidas contra civiles, un tipo de explosivo de fragmentación que maximiza el número de víctimas, es un crimen que no puede quedar impune", afirma Baghaei.

Washington no ha asumido oficialmente la responsabilidad por el ataque a Lamerd, aunque medios como The New York Times y Airways, citando fuentes independientes, dejan poco lugar a dudas. Además, el Pentágono ha ordenado aumentar la producción de este tipo de proyectiles después del ataque, aprobando un contrato de 8.700 millones de dólares para que Lockheed Martin fabrique más misiles Precision Strike Missles (PrSM). El Reino Unido ha mostrado interés en adquirir los misiles que aterrorizaron Lamerd.

El ataque a Lamerd sigue siendo un punto de tensión en el conflicto entre Irán y Estados Unidos, con acusaciones de crímenes de guerra y un aumento en la producción de armamento controvertido.