El marisqueo gallego afronta una crisis estructural que va más allá de los temporales. En la última década, las lonjas de la comunidad han reducido a la mitad el volumen de bivalvos comercializados: de 7.776.585 kilos en 2015 se pasó a 3.742.212 kilos en 2025, un desplome del 51,9%. Es decir, más de cuatro millones de kilos han desaparecido de la primera venta.
La pérdida económica ha sido menor gracias al aumento del precio medio, que subió de 8,24 a 12,76 euros por kilo. Así, la facturación cayó un 25,5%, hasta 47,75 millones de euros, frente a los 64,05 millones de 2015. El volumen, sin embargo, sigue muy por debajo de los niveles históricos.
Especies tradicionales, al borde de la desaparición
El retroceso es especialmente severo en las especies más emblemáticas. La almeja babosa pasó de 1.079.485 kilos a solo 116.265, un 89,2% menos. La almeja fina cayó de 547.668 a 69.819 kilos (-87,3%), y el berberecho se hundió un 80,9%, al pasar de 2.649.192 a 507.015 kilos.
La almeja japonesa, más resistente, también bajó, aunque solo un 21,3%, situándose en 1,44 millones de kilos. La navaja descendió un 8,8%, hasta 418.594 kilos. Como resultado, la composición del mercado ha cambiado: la almeja japonesa representa ahora el 38,6% del volumen total, frente al 23,6% de 2015, mientras las especies autóctonas pierden peso.
El mayor desplome se registró en 2024, cuando el volumen cayó un 26,8% anual hasta 3,73 millones de kilos. En 2025 apenas hubo recuperación: un 0,17% más en volumen, aunque el importe subió de 44,17 a 47,75 millones de euros. La Xunta atribuyó parte de la mortalidad de finales de 2023 a las fuertes lluvias y la baja salinidad, con pérdidas del 76,5% en berberecho y del 87,9% en almeja babosa en los Lombos do Ulla.
Menos permisos y menos mariscadoras
La contracción no solo afecta al producto. El número de permisos de marisqueo a pie ha caído un 16,9% en diez años, al pasar de 3.826 en 2015 a 3.179 en 2025. La pérdida es especialmente acusada entre las mujeres, que han visto reducirse sus autorizaciones un 25,1%, de 2.980 a 2.232. Los permisos masculinos, en cambio, aumentaron de 846 a 947.
En marzo de 2026, la Consellería do Mar situó en 2.967 los permisos de explotación de marisqueo a pie, lo que apunta a una continuación del descenso. Ese mismo año, las intensas lluvias volvieron a provocar mortandades en los bancos. La Xunta activó un plan de recuperación dotado con 22,7 millones de euros: 19,2 millones para convenios con cofradías, 1,5 millones para repoblación y 2 millones para conservación. Las mariscadoras afectadas pueden recibir unos 700 euros mensuales por trabajos de recuperación.
Noia fue la primera gran intervención, con un convenio de casi 1,6 millones para movilizar a 200 profesionales y sembrar diez millones de unidades de almeja entre 2026 y 2027. A finales del verano, el Centro de Investigacións Mariñas ya había distribuido más de 400.000 unidades de semilla.
La ciencia lleva años advirtiendo de la relación entre lluvias extremas, baja salinidad y mortalidad de bivalvos. La Xunta financia el proyecto Biorem para estudiar la resistencia de la almeja japonesa y el berberecho. A ello se suma el verano más cálido desde 1961, con 21,4 grados de media. La eurodiputada del BNG Ana Miranda ha llevado la crisis al Parlamento Europeo, donde reclamó un estudio sobre la baja productividad, medidas sobre embalses y un seguro colectivo para el sector.
Las cifras oficiales dibujan un problema que ya no puede explicarse solo por un temporal. Galicia comercializa hoy un 52% menos de bivalvos que hace diez años y ha perdido cerca de 650 permisos de marisqueo. La incógnita es si el modelo actual de gestión podrá revertir una caída que se ha convertido en estructural.
