Mark Zuckerberg sabía que el diseño de sus plataformas podía ser perjudicial para los niños, y las neurociencias le enseñaron cómo convertir sus vulnerabilidades en un modelo de negocio. El 27 de agosto de 2026, Meta firmó un acuerdo extrajudicial con 47 estados estadounidenses que la habían demandado por «poner deliberadamente en peligro a los más jóvenes» con sus redes sociales.
La denuncia contra Meta se basa en un doble discurso: la empresa conocía los riesgos gracias a estudios internos, pero nunca los mencionó públicamente. Este comportamiento se compara con el de los fabricantes de cigarrillos o el de Takata, que ocultaron los peligros de sus productos. Frances Haugen, la denunciante de los «Facebook Papers», señaló que «lo que era bueno para su negocio era malo para sus usuarios», y que Zuckerberg se decantó sistemáticamente por el negocio.
Depredación activa y pasiva
Zuckerberg actuó en dos frentes. Por un lado, mostró una «depredación pasiva» al rechazar medidas de seguridad que generaran fricción, por temor a que los usuarios se fueran a la competencia. Por otro, practicó una «depredación activa» recurriendo a las neurociencias para optimizar la respuesta dopaminérgica en los cerebros de los más jóvenes.
Los estudios de B. F. Skinner y Wolfram Schultz demostraron que la dopamina no se libera ante la recompensa en sí, sino ante la incertidumbre de recibirla. Meta aplicó este principio retrasando deliberadamente las notificaciones para hacerlas impredecibles, y diseñando el scroll infinito como una «máquina tragamonedas» que mantiene activo el circuito de recompensa.
School blasts y diseño adictivo
Meta también buscó maximizar el uso durante el horario lectivo mediante las «school blasts»: oleadas de notificaciones enviadas a jóvenes localizados en centros educativos. Un correo interno llegaba a decir: «Tenemos que optimizar nuestro diseño para que ningún joven pueda pasar una clase de química sin echar un vistazo a su móvil».
La «depredación pasiva» incluyó la negativa a proteger a los menores de contactos adultos. Meta sabía desde 2019 que adultos contactaban a adolescentes en Instagram, pero no aplicó medidas hasta 2024, porque hacerlo habría reducido 5,4 millones de interacciones no deseadas al día, perjudicando el crecimiento de la empresa.
Evidencia y consecuencias
Todo esto se conoce gracias a Frances Haugen y a las investigaciones parlamentarias y judiciales. La pregunta que queda es dónde termina la experiencia de usuario y dónde empieza la depredación. Mientras una buena UX atrae a adultos con contenido de calidad, Meta aprovechó la vulnerabilidad de los jóvenes con cerebros aún en desarrollo.
Zuckerberg se opuso a casi todas las medidas de seguridad en nombre de la competitividad, argumentando que si introducía obstáculos, los usuarios se irían a la competencia. Este mismo razonamiento se usa hoy contra la regulación de la IA, pero el artículo concluye que es necesario situar la salud pública en el centro de las estrategias políticas.
