Una sesión espiritista en Miami terminó con el fantasma de Francisco Franco detenido por el ICE y deportado a España por orden de Donald Trump. El dictador, confundido con un inmigrante indocumentado, fue expulsado tras ser invocado por nostálgicos franquistas.
La invocación y la detención
Varias familias de residentes españoles en Miami, con vínculos pasados con el franquismo, se reunieron para una séance en la que buscaban contactar con el alma de Franco. Tras varios intentos con una tabla güija, el Generalísimo se materializó como un ectoplasma desnudo y ligeramente panzón. Los vecinos, alarmados por los gritos de "¡Morita, Morita!", llamaron al servicio de control migratorio.
Un comando del ICE irrumpió en la vivienda y detuvo al fantasma, que no opuso resistencia. Trump, informado del aspecto del dictador, lo clasificó como inmigrante sudamericano y ordenó su deportación inmediata: "Encima se llama Francisco y es pequeñito", declaró. "O sea, un Panchito en toda regla. ¡FUEEERA!".
Reacciones y consecuencias
La embajadora española en EE.UU., Ángeles Moreno, intentó evitar la deportación argumentando que Franco no es latinoamericano ni mestizo. "¿No recuerdan aquella simpática cancioncilla popular con nuestro himno nacional? Franco, Franco, que tiene el culo blanco...", gritó desesperada al Secretario de Estado yanqui. Su gestualidad y apellido casi provocaron que el ICE la interrogara también por sospecha de indocumentada.
Finalmente, el espíritu de Franco fue trasladado a España y soltado de incógnito en Madrid. Debido a su bronceado marroquí, nadie lo reconoce; incluso algunos neofranquistas lo insultan y le gritan "¡Vete a tu tierra, panchito!".
Asombrado por el recibimiento, el fantasma ha decidido trabajar desde abajo para recuperar la estima de sus compatriotas. Se le ha aparecido al cineasta Alejandro Amenábar para agradecerle el retrato de Mientras dure la guerra y ha sido avistado en un restaurante para islamófobos, donde pidió un codillo de cerdo que no pudo degustar. "¡Este codillo me recuerda tanto al brazo que le faltaba a mi amigo Millán-Astray!", suspiró con nostalgia.
El estado actual del asunto es incierto: el fantasma de Franco deambula por Madrid sin ser reconocido, mientras el Gobierno español guarda silencio sobre su paradero.
