El dolmen de Santa Cruz en Cangas de Onís y su identidad medieval

El dolmen de Santa Cruz en Cangas de Onís es un monumento megalítico que conserva una ermita construida sobre él, un lugar con una historia fascinante que conecta el Neolítico con la Edad Media. La pequeña capilla actual, situada en el barrio de Contraquil, es fruto de una reconstrucción realizada tras la Guerra Civil por Luis Menéndez Pidal, ya que el conjunto original quedó totalmente destruido. El templo primitivo, sin embargo, ya se había perdido y fue sustituido por una capilla en el siglo XVII, aunque los ortolitos del túmulo se conservaron.

En el año 737, el rey Favila mandó construir una edificación de estilo prerrománico sobre este túmulo megalítico, un lugar con un gran contenido simbólico. El montículo debía ser un elemento destacado del paisaje circundante, en una vega llana, y no debió permanecer oculto para las gentes que poblaron el territorio en todas las épocas posteriores a su construcción. A finales del siglo XIX ya se había descrito este lugar, dejando referencia a su intenso expolio, como gran parte del megalitismo asturiano en aquel periodo.

Se trata de un dolmen que presenta la peculiaridad de que mantiene todavía pigmentos de una decoración pintada en colores ocres, lo que lo relaciona con el Neolítico gallego y de Portugal. No es habitual encontrar dólmenes pintados en el Cantábrico, lo que pone de manifiesto la complejidad del proceso de difusión de este fenómeno por el occidente atlántico.

El uso de megalitos como lugares de identidad en el periodo medieval

La elección de Favila para levantar este templo tiene una enorme carga simbólica. En la tradición oral del occidente atlántico, estos monumentos representan un pasado lejano, caracterizado con tintes míticos y frecuentemente identificado con lugares relacionados con pervivencias paganas. Leyendas relacionadas con Vieyas, filanderas, gigantas, etc., cuyas atribuciones describen las características de viejas deidades precristianas.

Es fácil suponer que estos lugares tuvieran un significado dentro del sincretismo pagano-cristiano de comienzos de la Edad Media. De hecho, perviven hasta casi el día de hoy creencias como que la tierra de estos túmulos es sagrada, y se recoge para preservar de diversos males. En el periodo medieval no debió ser demasiado diferente.

Pero además tienen un marcado carácter territorial. La identificación de una monarquía que se está consolidando con estos lugares permite una «apropiación» identitaria del territorio. Los reyes se entierran en los viejos monumentos de los gigantes del pasado. Son parte de una misma cosa, una cadena que los conecta con el pasado.

La monografía escrita por el conde de la Vega del Sella aún es un documento imprescindible para conocer este dolmen, que sigue siendo un testimonio único de la relación entre el megalitismo y la identidad medieval en Asturias.