Una enorme masa de hielo se separó del glaciar Petermann, en el noroeste de Groenlandia, el pasado 4 de agosto. El desprendimiento, que afectó a unos 76 kilómetros cuadrados de superficie, fue seguido casi en tiempo real mediante imágenes satelitales.
El episodio ocurrió después de que las fracturas que atravesaban la lengua glaciar se propagaran rápidamente. Las primeras señales claras aparecieron un día antes, el 3 de agosto, cuando las observaciones mostraron un deterioro acelerado del hielo.
Un fenómeno de dimensiones extraordinarias
La masa desprendida tiene un tamaño comparable al de Manhattan y en algunos sectores alcanza hasta 150 metros de espesor. El desprendimiento fue registrado con el radar de Copernicus Sentinel-1, de la Agencia Espacial Europea, que permite observar la superficie incluso con malas condiciones atmosféricas.
Un equipo internacional de investigadores, con participación de universidades de Ottawa, Stirling, Lancaster y Leeds, junto al Servicio Canadiense de Hielo, analizó los datos como parte del proyecto ARCTEX, financiado por la Agencia Espacial Europea.
Las fracturas que provocaron la ruptura ya eran conocidas y existían predicciones sobre una posible separación. Sin embargo, observar el proceso real mostró cómo un glaciar puede pasar de una situación estable a un cambio drástico en muy poco tiempo.
Otras grietas bajo vigilancia
El desprendimiento no parece ser el último. Los científicos continúan vigilando la lengua flotante de Petermann porque otras fracturas siguen ampliándose. Dos masas de hielo, de aproximadamente 97 y 87 kilómetros cuadrados, presentan características que mantienen en alerta a los investigadores.
El glaciar ya protagonizó grandes desprendimientos en 2008, 2010 y 2012. Después de 2012, la plataforma flotante permaneció relativamente estable, aunque registró algunos episodios menores. Ahora, la nueva ruptura vuelve a colocar al glaciar bajo el foco científico.
Implicaciones para el nivel del mar
El estudio de estas islas de hielo permite comprender mejor la relación entre las plataformas flotantes, los glaciares y el océano. Las plataformas actúan como una barrera que puede ralentizar el desplazamiento del hielo continental hacia el mar. Cuando se debilitan, la dinámica del glaciar puede cambiar.
El desprendimiento de un iceberg no significa que el nivel del mar suba inmediatamente, ya que el hielo flotante ya desplaza agua. Sin embargo, la pérdida de plataformas flotantes puede influir en la velocidad con la que el hielo terrestre llega al océano, un proceso que sí tiene consecuencias para el nivel del mar.
Las enormes islas de hielo también pueden afectar a la navegación y los ecosistemas marinos. Por esa razón, Environment and Climate Change Canada comenzó a rastrear la trayectoria de la masa de 76 kilómetros cuadrados para evaluar posibles riesgos para las rutas marítimas y las infraestructuras en alta mar.
El nuevo fragmento de Petermann se convierte así en una oportunidad para observar, con precisión inédita, cómo puede cambiar uno de los paisajes más extremos del planeta y qué señales podrían anunciar las próximas transformaciones.
