El 'Aceite de Aparicio' de Don Quijote: la ciencia revive el remedio

Un nuevo estudio científico ha puesto el foco en el 'Aceite de Aparicio', el ungüento que Miguel de Cervantes menciona en Don Quijote de la Mancha para curar las heridas del hidalgo tras el ataque de unos gatos. La investigación analiza la composición original de este remedio real y evalúa si sus propiedades curativas encuentran respaldo en el conocimiento actual.

El remedio, ampliamente utilizado en la España de los siglos XVI y XVII, cayó en el olvido con la llegada de la farmacología moderna. Ahora, los investigadores han revisado la receta original y la evidencia científica disponible sobre cada uno de sus ingredientes para determinar si sus efectos cicatrizantes, antiinflamatorios y antimicrobianos son reales.

Una receta con ingredientes sorprendentes

La receta, extraída del Formulario Universal o Guía práctica del Médico, del Cirujano y del Farmacéutico de Don Francisco Álvarez Algala, incluía una mezcla de plantas medicinales, resinas y aceites. Entre ellos destacaban el aceite de oliva, el romero, la ruda, la hierba de San Juan (hipérico), la mirra, la trementina, la resina de enebro y, de forma peculiar, lombrices terrestres.

La preparación consistía en calentar todos los ingredientes y filtrar la mezcla para obtener un ungüento. Los investigadores tuvieron que traducir la receta del español antiguo, interpretando arcaísmos y ajustando la grafía, fonética y sintaxis.

Evidencia científica sobre los ingredientes

El análisis de la literatura científica revela que varios componentes del aceite tienen efectos beneficiosos. El aceite de oliva, base del ungüento, puede mantener las heridas húmedas y limpias. El romero posee propiedades antiinflamatorias, mientras que la ruda actúa como antiséptico y antiinflamatorio. El hipérico favorece la cicatrización gracias a sus antioxidantes y estimula la producción de colágeno y fibroblastos, esenciales para la piel.

La mirra también cuenta con propiedades antisépticas y capacidad para curar heridas y úlceras. La resina de enebro es crucial para la limpieza de heridas por sus efectos antiinflamatorios y antimicrobianos.

Sin embargo, no todos los ingredientes son recomendables. La trementina, aunque se usaba como antiséptico, tiene una alta toxicidad y puede irritar la piel y las mucosas. Las lombrices terrestres se asociaban con actividad enzimática que mejora la circulación y acelera el cierre de heridas, pero su uso es cuestionable.

Un remedio con historia real

La leyenda atribuye el origen del aceite a Aparicio de Zubiria, un curandero morisco nacido en Lekeitio (Vizcaya) a comienzos del siglo XVI. Tras su muerte en 1566, su esposa, Isabel Pérez de Peromato, vendió la receta al Rey Felipe II a cambio de una pensión vitalicia.

Gracias a estos registros, se tiene certeza de que el 'Aceite de Aparicio' era relativamente efectivo, especialmente comparado con las pocas opciones médicas de la época. El estudio concluye que sería posible desarrollar nuevos productos que integren los beneficios de los ingredientes más efectivos, descartando aquellos que puedan causar efectos adversos.

La ciencia moderna devuelve así a la vida un remedio que curó a Don Quijote, y su eco resuena en los laboratorios del presente, donde se buscan curas para heridas y dolores que muchos pacientes siguen sintiendo hoy.