La deuda nacional de Estados Unidos alcanzó los 40 billones de dólares, y algunos economistas que antes no se mostraban preocupados ahora están en alerta. El aumento de las tasas de interés y la falta de acción política para reducir el déficit son las principales causas de este cambio de postura.
Durante años, un grupo de economistas conocidos como "palomas" sostuvo que mientras el PIB creciera más rápido que la tasa de interés de la deuda, el Tesoro podría refinanciar sus bonos sin problemas. Esta dinámica se mantuvo durante gran parte de la década de 2010, lo que mantuvo apagadas las alarmas sobre la deuda.
Sin embargo, en los últimos años, algunos de estos economistas han cambiado de opinión. Martha Gimbel, directora ejecutiva del Budget Lab en Yale, señaló que las tasas de interés "probablemente se mantendrán elevadas durante bastante tiempo". La tasa de interés promedio de la deuda estadounidense ha pasado de alrededor del 1,5 % en 2021 a aproximadamente el 3,4 % actual, y el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años se ha más que duplicado desde entonces.
Las razones del aumento de las tasas
El incremento de las tasas se atribuye a la reacción de la Reserva Federal ante la inflación, a la fuerte demanda de crédito por parte de las empresas tecnológicas que invierten en inteligencia artificial, y a la creciente preocupación de los inversores por la sostenibilidad de la deuda. Los inversores ahora consideran que los bonos del Tesoro a largo plazo son más riesgosos y exigen mayores rendimientos.
Al mismo tiempo, el gobierno federal no ha mostrado un apetito real por utilizar las dos palancas principales para reducir la deuda: recortar el gasto y aumentar los impuestos. Jared Bernstein, expresidente del Consejo de Asesores Económicos de Joe Biden, dijo que pasó de ser "paloma a halcón" en parte por la complacencia del gobierno. "Ninguno de los dos lados parece particularmente motivado para hacer algo al respecto", afirmó.
La inacción política y sus consecuencias
En lugar de atender el problema de la deuda, los políticos de ambos partidos han recortado impuestos y aumentado el gasto durante los últimos 25 años. La Ley One Big Beautiful Bill añadirá unos 4,7 billones de dólares al déficit hasta 2035, y los esfuerzos por reducir la inmigración añadirán otro medio billón, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.
El Tesoro anunció la semana pasada que duplicaría el tamaño de sus recompras de bonos a largo plazo para reducir los rendimientos, pero el efecto fue temporal: las tasas volvieron a subir al día siguiente. El inversor Stanley Druckenmiller, conocido por su postura contra el déficit, calificó estas recompras como una distracción del problema real: el gasto público.
Ernie Tedeschi, execonomista jefe del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, explicó que "esta es la era de 'No hay impuestos sobre...' en nuestra política ahora mismo". Promesas como eliminar impuestos sobre propinas, horas extra y pagos de Seguridad Social reflejan "exactamente la mentalidad opuesta a la que necesitamos tener si queremos estabilizar nuestra deuda en el futuro".
Tedeschi advirtió que es más probable que la deuda y las tasas sigan aumentando con el tiempo, y que "los días de la hipoteca al 2 o 3 por ciento de hace unos años simplemente han desaparecido". La asequibilidad es lo que está en juego si Washington no intenta al menos reducir el problema de la deuda.
La información disponible no detalla medidas concretas adicionales más allá de las mencionadas, pero el consenso entre los economistas citados es que la falta de voluntad política para abordar el déficit es el principal obstáculo para estabilizar la deuda.
