El economista Daron Acemoglu, ganador del Nobel de Economía en 2024, ha sido objeto de duras críticas por parte de The Economist tras la publicación de su libro ¿Qué le sucedió a la democracia liberal?. La revista, considerada un paradigma de la defensa del libre comercio y del liberalismo económico, ha aprovechado la ocasión para cuestionar su trabajo académico y su estatus.
El desencuentro se centra en la propuesta de Acemoglu de reforzar a la clase trabajadora, un punto que The Economist etiqueta como pesimista e inespecífico. La publicación incluso afirma en su titular que el economista es "extrañamente poco convincente" y que sus argumentos sobre la IA son "pesimistas hasta el punto de perder credibilidad".
El papel de la automatización
Acemoglu ha utilizado las herramientas de la economía convencional para mostrar que la tecnología y el mercado no producen automáticamente una prosperidad compartida. Su análisis se remonta a David Ricardo, quien en la tercera edición de sus Principios reconoció que la sustitución del trabajo humano por maquinaria puede ser "muy perjudicial a los intereses de la clase trabajadora".
En su libro Power and Progress (2023), coescrito con Simon Johnson, Acemoglu subraya que los beneficios de la tecnología dependen de factores como las instituciones y la orientación que la sociedad quiera imprimirle. Según sus investigaciones, durante la Revolución Industrial los salarios reales de los tejedores manuales cayeron al menos un 25%, mientras los empresarios obtenían enormes beneficios, elevando la desigualdad.
Un economista mainstream con conclusiones incómodas
Aunque algunos lo consideren disidente, Acemoglu no es un economista heterodoxo. Su manual Introduction to Modern Economic Growth (2009) es un texto neoclásico de posgrado. Sin embargo, sus conclusiones sobre la distribución de la renta y el papel del poder se acercan a las de escuelas poskeynesianas e incluso marxistas, lo que resulta incómodo para el pensamiento dominante.
El caso recuerda al de Joseph Stiglitz, quien tras recibir el Nobel en 2001 y criticar el neoliberalismo desde dentro del sistema, también fue atacado por The Economist. La estrategia parece ser devaluar la reputación de estos economistas por sus "extravagancias" políticas, no por sus bases técnicas.
Consecuencias para la actualidad
El trabajo de Acemoglu tiene límites, como la ausencia de consideraciones sobre la energía o el papel del imperialismo en la industrialización. No obstante, su énfasis en que la tecnología debe ser dirigida para promover una prosperidad compartida es crucial en el debate actual sobre la inteligencia artificial.
La proposición central de Acemoglu es que la tecnología, para que beneficie a todos, tiene que estar dirigida. Los críticos señalan la ambigüedad de esta propuesta, pero el autor apunta a fortalecer sindicatos, democracia y el poder frente a las élites tecnológicas.
En definitiva, la crítica de The Economist se explica porque Acemoglu ha utilizado las herramientas de la economía convencional para cuestionar las promesas de los promotores de la IA y abogar por políticas públicas distintas a las que defienden los centros de poder vinculados a las grandes tecnológicas.
