Crisis del Petróleo: El Ataque al Oleoducto Saudí Desata el Caos

La voladura con drones del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita ha eliminado la principal válvula de escape que permitía esquivar el estrecho de Ormuz y ha precipitado una crisis energética sin precedentes. Con el Brent superando los 100 dólares y el diésel disparado, las medidas de emergencia que han retrasado el colapso durante meses están dejando de funcionar.

Un déficit de 18 millones de barriles diarios

El ataque, atribuido a milicias hutíes, chiíes iraquíes o iraníes, inutilizó una infraestructura que desviaba unos 4 millones de barriles diarios (Mb/d) hacia el mar Rojo. A esta pérdida se suman los 12 Mb/d que ya no se extraían por el cierre de Ormuz y hasta 2 Mb/d de las exportaciones iraníes, colapsadas tras la destrucción de cinco petroleros por parte de Estados Unidos.

El resultado es un déficit global de aproximadamente 18 Mb/d, una cifra que equivale a casi el 20% de la producción mundial de petróleo. Si Irán decidiera bombardear el oleoducto de los Emiratos Árabes Unidos, la pérdida adicional sería de 1,5 a 2 Mb/d, según los cálculos manejados.

Las medidas paliativas aplicadas hasta ahora —liberación de reservas estratégicas, reducción de importaciones chinas y rutas alternativas— tenían fecha de caducidad. Los países de la OCDE liberaron 400 millones de barriles, pero las reservas estadounidenses ya están por debajo del límite de operación segura. China, que había recortado sus importaciones a la mitad en marzo, las ha elevado de nuevo hasta casi 9 Mb/d en agosto.

Precios desbocados y escasez de diésel

El precio del Brent coquetea con los 110 dólares por barril, pero esa cifra solo refleja una parte del problema. Los costes de transporte y seguros, que antes añadían un par de dólares, ahora alcanzan los 30 dólares por barril debido a la escasez de combustibles, el alargamiento de las rutas y los riesgos bélicos. En muchas refinerías, el coste del barril llega ya a los 150 dólares.

La escasez de petróleos medios, esenciales para producir diésel y keroseno, ha disparado el crack spread —la diferencia entre el precio del crudo y el del producto refinado— hasta los 100 dólares o más. Esto significa que un barril de diésel puede costar 200 dólares a la salida de la refinería, lo que se traduce en un precio final de hasta 3,75 dólares por litro (unos 3,25 euros).

En Alemania ya se alcanzan los 3 euros por litro, y en España, pese a contar con ocho refinerías que amortiguan los costes, los precios se deslizan hacia los 2 euros y podrían llegar a 3. La producción mundial de diésel tocó techo entre 2015 y 2017 y nunca se recuperó; este año la situación es catastrófica.

El gas y los fertilizantes, otra bomba de relojería

Europa afronta el invierno con los inventarios de gas en mínimos de 15 años. La interrupción de las exportaciones desde el golfo Pérsico, y en particular desde Omán, ha desatado una competencia feroz por el gas natural licuado. España recibió en junio un 40% menos de los buques esperados porque sus cargamentos fueron comprados en alta mar y desviados a otros destinos.

A esto se suma la falta de fertilizantes nitrogenados, azufre, ácido sulfúrico y aluminio, que afecta a la producción de cobre, fosfatos y metales en general. La escasez de diésel para operar maquinaria pesada lastra la actividad minera y agrícola en todo el mundo.

Los hutíes han aprovechado el caos para tomar el control de casi toda la costa yemení del mar Rojo y de la isla de Perim, lo que les otorga de facto el dominio del estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de entrada al canal de Suez.

El verano ha terminado y comienza el ajuste de cuentas. Nada parece poder evitar ya una crisis económica que podría verse agravada por el estallido de la burbuja de la inteligencia artificial. Como resume el análisis, "no pasa nada, hasta que de repente pasa de todo".