La industria automotriz marroquí está en plena expansión y ya produce vehículos de marcas como Dacia y Stellantis, lo que representa un desafío creciente para la producción española. Con tres grandes fábricas operativas, Marruecos fabricó alrededor de 700.000 coches en 2024 y aspira a superar el millón este año.
El país africano ha puesto en marcha un plan industrial agresivo para convertirse en proveedor estratégico de Europa. Sus plantas, ubicadas en Tánger, Casablanca y Kenitra, ensamblan modelos que circulan por las carreteras españolas, incluido el superventas Dacia Sandero.
Las tres grandes fábricas marroquíes
La planta de Renault en Somaca, Casablanca, produce unos 100.000 vehículos anuales de los modelos Dacia Sandero y Dacia Logan. La segunda instalación, Renault Tanger Méditerranée, fabrica 400.000 unidades al año, principalmente híbridas, como el Dacia Jogger.
La tercera fábrica pertenece al grupo Stellantis y se ubica en Kenitra. Allí se producen el Peugeot 208 en sus versiones térmicas y los microcoches Citroën AMI y Opel Rocks-e. Además, a partir de 2027, esta planta asumirá la fabricación del Citroën C4 y C4 X, modelos que hasta ahora se hacían en exclusiva en la factoría española de Villaverde, Madrid.
Ventajas competitivas de Marruecos
El empuje marroquí se apoya en una estructura de costes más favorable: mano de obra relativamente más barata, incentivos fiscales y costes energéticos contenidos gracias a su potencial solar. La infraestructura logística, como el puerto de Tánger Med y las conexiones ferroviarias, facilita la exportación directa hacia Europa.
Estas ventajas han permitido a Marruecos acercarse a los niveles de producción españoles. España fabricó 2,38 millones de coches en 2024, pero la diferencia podría reducirse si el país no avanza en su capacidad productiva.
El aviso de Carlos Tavares
El ex consejero delegado de Stellantis, Carlos Tavares, ya advirtió públicamente sobre el peligro competitivo desde el sur. Aunque las plantas españolas del grupo en Vigo, Zaragoza o Madrid mantienen estándares elevados, Tavares señaló que la competencia no vendría principalmente de Europa oriental o del norte, sino de países como Marruecos o Turquía.
El desafío para España
El crecimiento de la industria automotriz marroquí no solo afecta a los vehículos convencionales, sino también al emergente mercado de los coches eléctricos. Marruecos atrae inversiones en gigafábricas de baterías y centros de componentes eléctricos, con la intención de captar parte de la movilidad sostenible.
Para España, uno de los pilares automovilísticos de Europa, el desafío ya no es solo resistir, sino reinventarse. Si no se refuerzan los incentivos productivos, se ajustan los costes y se protege la cadena de valor, muchas nuevas generaciones de modelos podrían diseñarse en la Península pero fabricarse al otro lado del Estrecho.
La información disponible no detalla medidas concretas que España esté adoptando para hacer frente a esta competencia, pero la situación plantea un escenario de presión creciente sobre su industria.
