Claudia, asesinada en México: el sueño truncado de una futura maestra

La comunidad de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada vive días de luto tras conocerse el asesinato de Claudia, una estudiante de 21 años que realizaba un intercambio en Cuautla, en el estado mexicano de Morelos. Sus compañeras la definen como una joven brillante y comprometida que había viajado convencida de que podía transformar el mundo de la educación.

El primer día de clase, que debía marcar el inicio de su último curso, se convirtió en una jornada de dolor. A las once de la mañana, amigos y compañeros se abrazaron y lloraron durante un minuto de silencio celebrado en el centro. Las aulas quedaron prácticamente vacías: apenas asistieron alumnos de su grupo, aunque sí acudieron estudiantes de otros cursos, todos conmocionados por la noticia.

Una vocación que cruzó fronteras

Claudia estudiaba cuarto curso del grado de Educación Infantil. Sus amigas insisten en que su viaje a México no era una simple aventura académica, sino la culminación de un sueño. «Se fue a México convencida de que cambiaría el mundo de la educación», relatan entre lágrimas quienes compartieron con ella aulas y proyectos.

Sheila, una de sus compañeras más cercanas, explica que la vocación docente unía a todo el grupo. «No solo compartíamos clase, compartíamos sueños. Todos los que estamos aquí amamos a los niños y tenemos una profunda vocación. Queremos cambiar el mundo y hacer de la educación algo mejor para nuestros pequeños. Ella se marchó a México a eso, a conocer otras historias, porque sabemos que en ese país el sistema es muy diferente», apostilla.

María, otra de sus amigas, la recuerda como una persona excepcional. «Era una chica muy inteligente, muy buena persona y también muy graciosa. Le importaba lo que hacía y creía que iba a hacer del mundo un sitio mejor con lo que podía dar de sí misma», señala. Ambas coinciden en que Claudia era una estudiante ejemplar, siempre estudiosa, trabajadora e inocente.

La noticia les llegó a través de los medios de comunicación, lo que aumentó su incredulidad. «Ha sido una locura enterarnos así», insiste María, quien después se lo contó a Sheila. Todavía en shock, se preguntan cómo es posible que su compañera ya no esté. «Es que no puede ser que no esté, ¿cómo no va a estar viva? Si ella no le ha hecho nunca daño a nadie», lamenta.

El dolor se mezcla con la rabia y la solidaridad hacia la familia de la fallecida. «Nosotros, los alumnos, nos vamos a vivir a otros lugares para adquirir más conocimientos, a cambiar la realidad en la medida que podemos. Nos podía haber pasado a cualquiera de nosotros, que estemos solos de intercambio y les den la noticia a nuestros padres de que nos han matado. No hay derecho, no hay derecho», expresan.

A unos metros, otro grupo de amigos se abrazaba en silencio, incapaz de entrar en clase. Para todos ellos, este será un curso muy duro, marcado por la ausencia de una compañera que, como resumen sus amigas, solo quería dejar el mundo un poco mejor a través de la educación.