La gestión de la crisis migratoria en Ceuta ha dejado al descubierto que el Gobierno no falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar. El análisis sostiene que el problema de Ceuta pertenece a la clase de problemas sin solución, al menos a corto y medio plazo, y que lo único que cabe es el cuidado de quienes lo padecen.
El texto distingue entre dos tipos de problemas: los que tienen solución y los que no. Los primeros desaparecen si se encuentra la respuesta adecuada; los segundos no tienen remedio, y empeñarse en buscarlo conduce a la frustración y la parálisis. Con ellos no cabe resolver, sino evitar, paliar, frenar o retrasar, y sobre todo cuidar a quien los padece.
Un conflicto sin salida política
Ceuta y Melilla son territorios que pertenecen a España antes de que existiera el Marruecos actual, pero este país los reclama sin descanso porque esa reivindicación forma parte de su identidad nacional. Es un conflicto entre dos Estados imbricados en fronteras, comercio, migración, seguridad y energía, donde Marruecos actúa como una autocracia que usa esa imbricación como palanca de chantaje.
La derecha española, que acusa al Gobierno de no defender Ceuta, no ofrece soluciones reales. El texto recuerda que el régimen de Franco, el más militarista y supuestamente patriótico, no defendió el Sáhara en 1975 ante la Marcha Verde, y cedió Ifni a Marruecos en 1969. En cambio, celebró como gesta la recuperación de la Isla Perejil, un islote deshabitado.
La única propuesta concreta de la derecha ha sido la del diputado de Vox José María Figaredo, que propuso “cazar” a los inmigrantes “uno a uno” o “pescarlos”, acompañando sus palabras con onomatopeyas de disparo. Esa ha sido la única propuesta específica que la derecha ha logrado poner sobre la mesa.
El cuidado como respuesta
Cuando no se puede resolver, lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece. El Gobierno ha fallado precisamente en lo único que estaba en su mano: la celeridad en atender y el cuidado hacia la población ceutí y hacia quienes entraron irregularmente.
El poder y la gestión llegaron tarde, a remolque de la presión vecinal. Mientras el Estado contaba plazas, decenas de mujeres y niñas que dormían a la intemperie denunciaron acoso y agresiones sexuales. Quienes primero improvisaron espacios seguros fueron los vecinos de El Príncipe y Sidi Embarek, una organización como Save the Children y las propias mujeres migrantes organizándose para protegerse.
El presidente Pedro Sánchez visitó Ceuta el 31 de julio, al día siguiente de la avalancha, pero se marchó de vacaciones a Lanzarote al día siguiente. Desde allí presidió por videoconferencia, a mediados de agosto, la reunión con sus ministros sobre Ceuta. Gobernar Ceuta por videoconferencia desde la playa es, literalmente, hacer sin estar.
La izquierda dejó vacío el terreno
En toda esta tragedia, quien ha aparecido ante mucha gente como el que se pone del lado de Ceuta ha sido la derecha, no el Gobierno. Es una solidaridad falsa, porque defiende a unos enfrentándolos a otros y propone cazar a los más vulnerables. Pero si ocupa ese terreno es porque la izquierda lo dejó vacío.
Un gobierno progresista no fracasa cuando es impotente ante un poder que lo desborda. Fracasa cuando, no pudiendo resolver, renuncia a lo único que sí estaba en su mano: estar al lado de la gente. No falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar.
La paradoja final es que todo lo que ha faltado tiene nombre: patriotismo, si se entiende como defensa de la vida y el bienestar de la gente, y feminismo, si se entiende como un modo de gobernar que transforma el cómo se ejerce el poder, sustituyendo la jerarquía y el mando a distancia por la cercanía y el cuidado.
El error del Gobierno no es el del cínico que finge una virtud que no siente, sino el de quien traiciona una que dice tener y podía haber ejercido. A la derecha hay que reprocharle lo que hace; al Gobierno, con más dolor, lo que pudo hacer y no hizo. Ceuta enseña que cuando un problema no tiene solución, lo más importante es cuidar y no producir abandono, y haber descuidado ese cuidado ha dejado el campo libre a la extrema derecha.
