Cerdos de 1807: de alimento para náufragos a clave médica

En 1807, el capitán Abraham Bristow liberó un grupo de cerdos en las Islas Auckland, un archipiélago subantártico al sur de Nueva Zelanda, con la idea de que sirvieran como alimento para posibles náufragos. Lo que nadie podía prever es que, casi dos siglos después, sus descendientes se convertirían en una población de gran interés para la ciencia médica, especialmente en el estudio de la diabetes tipo 1 y el xenotrasplante.

Aislamiento y evolución en un entorno extremo

Los cerdos quedaron abandonados en un territorio azotado por vientos violentos, bajas temperaturas y escasez de comida. Sin depredadores naturales, se reprodujeron sin control y se adaptaron a un ambiente muy distinto al de una granja. Con el tiempo, su presencia causó daños significativos: removían el suelo, destruían vegetación nativa y atacaban nidos de aves marinas. Esto llevó al Departamento de Conservación de Nueva Zelanda a impulsar su erradicación.

Sin embargo, para 1999, cuando los planes de eliminación avanzaban, un equipo de conservacionistas capturó a 17 ejemplares para preservar su linaje. Estos animales mostraban características físicas notables: eran más delgados, resistentes y musculosos que los cerdos domésticos. Las hembras tenían un número reducido de mamas funcionales, posiblemente una adaptación a la baja supervivencia de crías en un entorno hostil.

Un tesoro genético para la medicina

El prolongado aislamiento también les confirió una incidencia muy baja de infecciones comunes en cerdos comerciales. Además, los análisis revelaron una configuración particular de retrovirus endógenos porcinos, un factor crucial para el xenotrasplante, que busca transferir células, tejidos u órganos de una especie a otra. La posibilidad de transmitir infecciones es uno de los principales riesgos de usar material porcino en humanos, por lo que una población con un perfil sanitario controlable resulta muy valiosa.

Los descendientes de aquellos 17 ejemplares comenzaron a ser evaluados en proyectos relacionados con la diabetes tipo 1. La atención se centró en los islotes pancreáticos, grupos de células que producen insulina. La idea es trasplantar estas células a pacientes cuyo organismo no genera suficiente insulina para regular la glucosa. Aunque todavía se requieren más investigaciones y controles estrictos, esta vía experimental abre una puerta prometedora.

Así, los cerdos abandonados en 1807 pasaron de ser una despensa viviente para náufragos a una especie invasora y, finalmente, a un recurso científico sin precedentes. Mientras sus descendientes se mantienen bajo cuidado con fines de investigación y preservación, Nueva Zelanda continúa trabajando para restaurar el equilibrio natural de las Islas Auckland.