El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha abandonado las negociaciones comerciales con Estados Unidos y ha marcado un límite claro al presidente Donald Trump. En un discurso a la nación, Carney afirmó que "cuando te atacan, estás en guerra", en respuesta a las nuevas condiciones impuestas por Washington que consideró "injustas, antieconómicas" y que ponían en duda la fiabilidad de cualquier acuerdo.
La guerra comercial entre ambos países se ha recrudecido este fin de semana. Carney denunció que la parte estadounidense introdujo exigencias de última hora que interferían con la capacidad de Canadá para negociar con terceros países y que incluso incluían condiciones sobre el uso del francés. "No estábamos dispuestos a comprometer la soberanía de Canadá", declaró.
Trump respondió imponiendo nuevos aranceles del 50% a las importaciones canadienses, que se suman al 10% ya aplicado el mes pasado. Estos gravámenes, que ya están en vigor, afectarán a bienes por valor de 20.000 millones de dólares. Además, el presidente estadounidense anunció otra tanda de impuestos del 50% que entraría en vigor el 1 de enero de 2027 si no se alcanza un acuerdo.
Un pulso de desgaste
Canadá ha decidido adentrarse en un pulso con Trump que no se ve entre otros países de Occidente. Se trata de ver quién resiste más tiempo el daño. Carney prometió aranceles de represalia para el 8 de septiembre, y el país busca reducir su dependencia de Estados Unidos, que el año pasado absorbió el 72% de sus exportaciones.
El primer ministro canadiense enmarcó los ataques económicos como parte de una estrategia para convertir a Canadá en el estado 51 de EE.UU. "Las exigencias estadounidenses no son coherentes con la relación entre dos Estados independientes", expuso. Trump respondió: "¡Quiere los beneficios de ser un Estado, sin serlo!".
Carney también señaló que Washington intentó excluir de las reducciones arancelarias los camiones pesados fabricados en Ontario, como los Ford F-350 y F-450 y el GM Silverado. Según el mandatario, esto habría hecho menos rentable producir esos vehículos en Canadá.
La presión interna sobre Trump
La popularidad de Trump se ha visto afectada por el encarecimiento del coste de vida. El presidente prometió que los precios bajarían, pero el carro de la compra no ha dejado de subir. El viernes, eliminó los aranceles a las importaciones de carne de vaca para paliar el desangre de los bolsillos de los estadounidenses.
Además, el Tribunal Supremo ya ha dado un revés a los aranceles universales, y la Administración Trump tuvo que buscar otro mecanismo para restaurarlos. Carney recordó que "existe la posibilidad de un acuerdo mutuamente beneficioso con EE.UU.", pero la Casa Blanca debe abandonar el estilo chantajista.
"Canadá volverá a la mesa de negociaciones cuando Estados Unidos vuelva con la actitud adecuada respecto a nuestra industria", afirmó Carney. Mientras tanto, otros países con acuerdos bilaterales con EE.UU., como la Unión Europea, siguen de cerca este pulso.
La defensa de la industria canadiense va más allá de lo comercial. Carney insistió en que "Estados Unidos intenta debilitarnos para poder dominarnos", y prometió que eso nunca ocurrirá. "Canadá se está haciendo más fuerte y depende menos de Estados Unidos", concluyó.
