La agresión registrada el pasado 19 de julio en la terraza de un bar de Berriozar podría haber tenido un detonante inesperado: una camiseta de Núcleo Nacional, formación de inspiración neonazi. La investigación, que permanece bajo secreto sumarial, apunta a que el portador de esa prenda habría sido el desencadenante de la reyerta. Esta semana se ha detenido a ocho personas en relación con los hechos, con registros realizados de madrugada y con el uso de la fuerza para acceder a los domicilios.
Los agredidos son militares del Regimiento América 66, con base en el acuartelamiento de Aizoain, según han dado por hecho medios como El País, El Mundo o ABC. Varias asociaciones castrenses —AUME, ATME y UMT— se han personado como acusación particular, lo que refuerza la vinculación de las víctimas con el ámbito militar.
La ley prohíbe la afinidad política a los uniformados
La Ley Orgánica 9/2011 de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas establece en su artículo 7 la obligación de mantener una estricta neutralidad política. Esta norma impide a los militares afiliarse a partidos y sindicatos, así como pronunciarse públicamente o realizar propaganda a favor o en contra de formaciones políticas, candidatos electorales, referendos o programas ideológicos.
Si el individuo que lucía la camiseta de Núcleo Nacional perteneciera al Ejército, estaría incumpliendo esa normativa. La sanción para este tipo de conductas se recoge en la Ley Orgánica 8/2014, que tipifica como falta grave «efectuar con publicidad manifestaciones o expresar opiniones que supongan infracción del deber de neutralidad política».
Núcleo Nacional, inscrito como partido en febrero de este año bajo la denominación Noviembre Nacional y con sede en Valladolid, mantiene el logo de la doble N entrelazada y coronada por una cruz. La formación surgió al calor de las protestas de Ferraz en 2023-2024 y ha sido objeto de investigaciones por parte de la Guardia Civil, que remitió a la Fiscalía un atestado por presunto delito de odio tras un vídeo en el que se llamaba a la «defensa activa» de las calles contra la población migrante.
Riesgos de infiltración en unidades militares
El acuartelamiento de Aizoain, donde se instruye a los «boinas verdes» del Regimiento de Infantería América 66, no es ajeno a las polémicas por la presencia de simbología ultraderechista. En 2015 se reveló la existencia de material que ensalzaba a la División Azul en lugares visibles del campamento, colocado por un teniente y tolerado por sus superiores.
El precedente más cercano es el de Cartagena, donde el colectivo Ciudadanos de Uniforme documentó cómo varios militares eran miembros activos de grupos de ultraderecha como Lo Nuestro, Hogar Social, el Frente Atlético, España 2000 o Hammerskin-España.
La preocupación por este fenómeno no es exclusiva de España. Alemania disolvió una de las cuatro compañías de combate de su unidad de élite KSK después de que el Servicio de Contrainteligencia Militar (MAD) identificara a 20 extremistas entre la tropa, en un contexto en el que se localizaron 600 neonazis infiltrados en el Bundeswehr. En Francia, una investigación del grupo Mediapart desveló que una decena de militares exhibían en redes su «adhesión a la ideología neonazi», cifra que después se amplió hasta 50 individuos.
En Aizoain, los militares reciben formación en el manejo de fusiles de asalto HK G36, ametralladoras, lanzacohetes C90-CR y morteros ligeros, así como en tácticas de infiltración y emboscada. La presencia de personas afines a la ultraderecha en una unidad de este tipo supone un riesgo de transferencia de conocimientos sobre armamento y tácticas letales a grupos violentos, además de un peligro de radicalización completa de la compañía, como evidenció el caso alemán del KSK.
La causa judicial sigue bajo secreto, mientras las detenciones de esta semana tratan de esclarecer lo ocurrido aquel 19 de julio en Berriozar.
