Las organizaciones humanitarias que operan en Ceuta denuncian un aumento de la tensión y las intimidaciones, una situación que ha llevado a algunas de ellas a retirarse por seguridad y a dejar de asistir a personas migrantes en la ciudad autónoma. Los ataques a trabajadores humanitarios se han convertido en un objetivo recurrente, lo que ha encendido las alarmas entre las entidades sociales y parte de los vecinos.
Border Resistance, un grupo que asiste a migrantes desde principios de agosto, prepara su retirada definitiva. Su coordinador, Chadi Boukhari, explica que el equipo de voluntarias ya no puede trabajar más ante el deterioro de la seguridad y el desgaste acumulado. Algunos miembros ya han comenzado a volver a la Península, y el grupo trabaja en un informe con vídeos, grabaciones y testimonios recogidos durante un mes.
La ayuda humanitaria, en el centro de la tensión
La jornada más violenta ocurrió este jueves, cuando decenas de personas impidieron el acceso de un camión de Cruz Roja a la playa del Trampolín, uno de los puntos de reparto de alimentos. Los manifestantes, que gritaban “la Cruz Roja es una mafia”, se desplazaron después a los asentamientos de playa de Benítez, donde incendiaron pertenencias y estructuras de los migrantes. Horas antes, doce migrantes marroquíes fueron detenidos tras apedrear un vehículo militar en Benzú, causando heridas a cuatro militares.
La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo ha mostrado su “profunda preocupación” por la deriva violenta y reclama una respuesta coordinada de las administraciones que proteja tanto a migrantes como al personal humanitario. Amnistía Internacional asegura haber recibido información sobre amenazas al personal de Cruz Roja y obstáculos al reparto de agua y comida, y pide que quienes prestan ayuda puedan trabajar con seguridad.
Asociación Elín, que continúa sobre el terreno, alerta de que la situación se vuelve cada vez más difícil. Sus trabajadores han sido increpados por la calle cuando se encontraban con migrantes, y señalan que todavía hay numerosas personas viviendo en la calle, escondidas en los montes o en la playa del Trampolín, entre ellas niños, mujeres y personas LGTBIQ+ sin espacios seguros.
Vecinos y organizaciones temen una escalada
La preocupación no se limita a las organizaciones. Una vecina musulmana, que prefiere el anonimato por seguridad, cuenta que los migrantes tienen “mucho miedo” pero siguen resistiendo. Advierte de que la extrema derecha está aprovechando la crisis para extender el rechazo hacia el islam y los musulmanes ceutíes, y pregunta: “¿Hasta cuándo?”.
Abdellah Mustafa, presidente vecinal de Sidi Embarek, comparte ese temor y diferencia entre el hartazgo de una parte de la población y quienes lo aprovechan. Asegura que determinados grupos acuden a las quejas vecinales para “retroalimentar ese discurso del odio”, y que la tardanza ha creado el “caldo de cultivo perfecto”.
Mustafa teme que, si continúa la escalada, las agresiones terminen provocando enfrentamientos entre grupos. “Confío en que los próximos días permitan recuperar cierta calma, pero, si no ocurre, las consecuencias pueden ser mucho más graves”, sentencia.
La información disponible no detalla medidas concretas de las administraciones para frenar los ataques a trabajadores humanitarios en Ceuta, más allá de las reclamaciones de las organizaciones.
