Ataque de Trump a Larak: un intento de esconder su ineptitud

El ataque de Trump a la isla iraní de Larak evidencia el intento de esconder su ineptitud en el conflicto con Irán. La operación, considerada militarmente inservible, responde a la impaciencia del presidente estadounidense por lograr algo que pueda “vender” como positivo a sus potenciales votantes. La acción se produjo en contra de las recomendaciones de los altos mandos del Pentágono y provocó una respuesta inmediata de Teherán.

Seis meses después de lanzar, junto a Benjamin Netanyahu, una campaña militar para derribar al régimen iraní, y cumplidos los 60 días que establecía el memorándum firmado en junio entre Washington y Teherán, nada indica que la paz esté próxima. Tras un mes de intercambio de amenazas verbales y acciones militares de bajo perfil, EEUU ha vuelto a golpear duramente territorio iraní, lo que ha llevado a una escalada.

Trump parecía haber optado por la vía económica para doblegar a Irán, con nuevas sanciones y aislamiento diplomático, esperando que el tema desapareciera de los titulares antes de los comicios de medio mandato de noviembre. Sin embargo, el bajo nivel de reservas estratégicas de hidrocarburos en EEUU y Occidente impide un colchón para capear los vaivenes de precios por el bloqueo de Ormuz. Además, el alto consumo de munición en la defensa de Israel y aliados del Golfo pone en peligro la capacidad de acción de las fuerzas armadas.

En un nuevo giro, Trump decidió atacar objetivos en la isla de Larak, sabiendo que Teherán respondería, como ocurrió contra bases en Jordania y Emiratos Árabes Unidos. Por sí mismo, el ataque no cambiará la dinámica del conflicto ni forzará la claudicación iraní. Tampoco debería iniciar una escalada general por la insuficiencia de medios, ni servir como presión para que Irán cambie su actitud en la negociación sobre su programa nuclear o el bloqueo de Ormuz.

Se trata de una acción políticamente ineficaz y militarmente inservible, que responde a la impaciencia de Trump por lograr algo que pueda “vender” como positivo a sus simpatizantes, aunque sea contra las recomendaciones militares. La estrategia difícilmente provocará que China y Rusia dejen de alinearse con Teherán, y tampoco es previsible que los iraníes se levanten contra el régimen, conscientes de su capacidad de represión.

Solo queda esperar algún nuevo gesto agresivo de Trump, mezclado con mensajes irreales, como su difusión de que redujo a escombros la isla de Jarg cuando ni siquiera ha sido atacada. Gestos que alejan sine die la resolución del conflicto.