Aranceles de Trump: por qué cortar el comercio con Europa no enriquece a EE.UU.

El presidente de Estados Unidos sostiene que su país podría beneficiarse enormemente si dejara de comerciar con la Unión Europea y México, a los que atribuye déficits comerciales anuales de 200.000 y 195.000 millones de dólares respectivamente. La tesis, expuesta en una comparecencia pública, choca con el consenso económico: los aranceles son impuestos que recaen sobre los consumidores estadounidenses, alimentan la inflación y rara vez cumplen su promesa de proteger el empleo industrial.

Un impuesto con efectos en cadena

Cuando el Gobierno grava las importaciones de acero para defender a los trabajadores siderúrgicos, el encarecimiento del insumo golpea a los fabricantes de automóviles y a otras industrias dependientes de ese material. Esas empresas elevan precios, pierden clientes y terminan despidiendo personal o cerrando plantas. La protección frente a la competencia exterior tampoco incentiva la moderación de precios: las compañías resguardadas tienden a subirlos y, como advirtió Ronald Reagan en 1987, postergan las mejoras tecnológicas que beneficiarían al consumidor.

El expresidente republicano describió con precisión el círculo vicioso: las industrias protegidas dejan de competir, los aranceles elevados provocan represalias, las barreras se multiplican, el comercio se contrae y millones de puestos de trabajo se pierden. La historia reciente ofrece ejemplos de ese engranaje.

Incertidumbre y decisiones unilaterales

Más allá del cálculo económico, el método genera un problema adicional. La idea de que un solo mandatario pueda suprimir por decreto millones de relaciones comerciales voluntarias remite a prácticas propias de regímenes autoritarios. A ello se suma la volatilidad: cada vez que un líder extranjero incomoda al presidente, este anuncia aranceles del 50% o del 100%, luego los rebaja y después los vuelve a elevar. Las cadenas de suministro requieren años de planificación, y ese vaivén solo produce precios más altos y ralentización económica.

Los déficits comerciales, por otro lado, funcionan más como una ficción contable que como un indicador de pérdida. Cualquier hogar registra un déficit con su supermercado local y ello no lo empobrece, sino que mejora su vida. Del mismo modo, el intercambio abierto amplía la variedad de frutas y verduras disponibles en pleno invierno y multiplica la oferta de productos de todo el mundo.

Una tradición fundacional

John Jay, uno de los padres fundadores, ya imaginaba una nación en la que cada persona fuera libre de cultivar la tierra, fabricar lo que deseara y vender el fruto de su trabajo a quien quisiera y al mejor precio, sin trabas ni imposiciones. El libre comercio, recuerdan los críticos de la política arancelaria, está en el corazón de una sociedad libre, aunque el Partido Republicano haya abandonado la defensa que promovió tras la era Reagan.

La última amenaza presidencial de gravar a Europa llegó después de que el bloque aceptara a Canadá como miembro asociado, un gesto hacia un aliado histórico que ahora es tratado como adversario. El estado del asunto, según la fuente, es el de una administración que redobla su apuesta proteccionista en lugar de corregir el rumbo.