Cada año se practican más de 350 millones de intervenciones quirúrgicas bajo anestesia general en todo el mundo. A pesar de su uso masivo, la ciencia aún no logra explicar cómo estos fármacos sumen al paciente en la inconsciencia. Las investigaciones con imágenes cerebrales están empezando a revelar pistas no solo sobre la anestesia, sino sobre el funcionamiento mismo de la consciencia.
El enigma de la desconexión cerebral
Las resonancias magnéticas muestran que la anestesia general reduce de forma generalizada la actividad cerebral, pero se desconoce si la inconsciencia requiere apagar todo el cerebro o si algunas regiones son más decisivas. Nick Franks, profesor de Biofísica y Anestesiología en el Imperial College de Londres, señala al tálamo, una estructura con forma de huevo en el centro del cerebro que actúa como estación de relevo entre distintas áreas.
"Si administras anestesia a un animal y luego estimulas una parte muy específica del tálamo, puedes despertarlo", explica Franks. El tálamo regula el sueño y la vigilia, lo que sugiere que los anestésicos podrían secuestrar los circuitos naturales del sueño. Otros científicos apuntan a la corteza cerebral como el principal hogar de la consciencia, mientras que los lóbulos frontal y parietal también estarían implicados.
Un tercer estado de consciencia
La anestesia general no siempre borra toda experiencia. Se estima que uno de cada 15.000 pacientes recuerda aspectos de la cirugía, un fenómeno conocido como conciencia accidental. Jaideep Pandit, anestesista de los Hospitales de la Universidad de Oxford, cree que estas personas experimentan un "tercer estado" de consciencia, a medio camino entre el sueño y la vigilia.
En sus experimentos, Pandit administró anestesia y un relajante muscular, pero usó un torniquete para que el antebrazo no quedara paralizado. Un tercio de los pacientes pudo apretar los dedos del investigador ante una orden, pese a no mostrar signos de estar despiertos ni sentir dolor.
La huella dactilar de la consciencia
Andrea Luppi, neurocientífico de la Universidad de Cambridge, estudió con resonancias magnéticas funcionales cómo la anestesia afecta la conectividad funcional, la capacidad de las regiones cerebrales de comunicarse. Normalmente, ese patrón es tan único que identifica a cada persona, pero bajo anestesia los cerebros se vuelven más parecidos entre sí y más similares a los de otros primates.
Luppi concluye que la anestesia impide la comunicación entre regiones distantes, algo esencial para la consciencia. Mientras los anestésicos reducen esas conexiones, los psicodélicos como el LSD o la psilocibina parecen abrir nuevas vías. Boris Heifets, profesor de Anestesiología en la Universidad de Stanford, resume el reto: "Nuestro conocimiento sobre la consciencia es bastante rudimentario".
El estudio de la anestesia general sigue siendo una ventana privilegiada para desentrañar uno de los mayores misterios de la ciencia: cómo surge la experiencia consciente en el cerebro humano.
