La cooperativa Alfa, fundada en Éibar en 1920 para producir armas, se transformó en un referente de las máquinas de coser. Durante la década de 1980, la empresa editó calendarios publicitarios que capturaron su evolución, desde el icónico lema Pepe La Alfa hasta la crisis que casi la hizo desaparecer.
Orígenes y diversificación
En octubre de 1920, se estableció en la ciudad guipuzcoana de Éibar la Sociedad Anónima Cooperativa de Producción de Armas de Fuego Alfa, vinculada al sindicato UGT y a la Casa del Pueblo local. El taller, ubicado en la calle Vista Alegre, se dedicó inicialmente a la fabricación de revólveres Smith & Wesson. Sin embargo, las restricciones legales sobre armas impulsaron a la empresa a diversificar su producción a partir de 1925, introduciendo la fabricación de máquinas de coser. El intelectual Toribio Echevarría, gerente de la cooperativa, tuvo un papel clave en este proceso. Para 1935, Alfa ya lideraba el sector español con 12.000 unidades vendidas a 260 pesetas.
Tras la Guerra Civil, la factoría fue confiscada por su vinculación al sindicato socialista. En noviembre de 1940, bajo la tutela del Banco de San Sebastián, fue entregada a trabajadores depurados que continuaron exclusivamente con la fabricación de máquinas de coser, pasando a denominarse Máquinas de Coser Alfa S.A. El crecimiento fue notable: en 1946 comenzó la exportación, en 1953 se abrió una fundición propia y en los años 60 se creó una red comercial con sucursales en casi todas las capitales, exportando a más de 70 países. Alfa tuvo organizaciones comerciales en Inglaterra y Francia, y una planta en México.
Publicidad y calendarios
En la década de 1980, Alfa utilizó el reclamo publicitario Pepe La Alfa, lema que apareció en el primer calendario de la compañía editado por Fournier en 1980. Aunque algunos coleccionistas distinguen dos modelos según el fondo del anverso (amarillo o gris), la empresa editó calendarios anuales hasta 1990, sumando once ejemplares diferentes. En 1982, la publicidad cambió a Doña Croqueta, personaje interpretado por Simón Cabido, reflejando la crisis que afectó a la marca en esa década.
En 1993, la compañía se integró en el grupo Eteceta. Se dejó de fabricar máquinas de coser en Éibar y el grupo se diversificó hacia actividades como automoción, estampación o aeronáutica. Actualmente, ALFAHOGAR continúa vendiendo máquinas de coser, pero fabricadas en China. La historia de Alfa ilustra la adaptación industrial y el valor de la publicidad efímera en la España del siglo XX.
