Snoopy, el famoso perro de 'Peanuts', celebra 76 años desde su primera tira cómica, un personaje que ha evolucionado como ningún otro y que sigue siendo un icono irrepetible. Su primera aparición fue muy sencilla, pero ya escondía la magia que lo convertiría en un fenómeno mundial.
Charles M. Schulz presentó a Snoopy el 2 de octubre de 1950, en una tira de cuatro viñetas donde el perro pasea con una flor sobre la cabeza y una vecina lo empapa sin querer al regar sus plantas. No hay diálogos ni grandes escenarios, solo un pequeño accidente cotidiano que funciona gracias a la expresión de Snoopy y a la precisión del gag.
En aquel momento, Snoopy era un perro aparentemente normal, con un diseño más convencional y una personalidad limitada. Sin embargo, Schulz fue modificándolo progresivamente: su cabeza se hizo enorme, sus orejas cayeron y su caseta roja se convirtió en un elemento esencial, especialmente cuando decidió dormir en el tejado.
La personalidad de Snoopy también cambió drásticamente. Pasó de ser un perro tranquilo a tener una imaginación desbordante, adoptando identidades como el as de la aviación o el escritor famoso. Esa capacidad para escapar de la realidad se convirtió en una de sus señas de identidad.
La evolución de Snoopy coincidió con la de todo el universo de 'Peanuts'. Schulz incorporó a personajes como Lucy, Linus, Schroeder, Sally, Peppermint Patty, Marcie, Franklin y Woodstock. La pandilla saltó a la televisión con clásicos como 'A Charlie Brown Christmas' en 1965 y 'It's the Great Pumpkin, Charlie Brown', además de películas como 'A Boy Named Charlie Brown' y 'Snoopy Come Home', e incluso llegó a Broadway.
Volver a aquella primera aparición muestra lo poco que necesitó Schulz para presentar a un personaje que se convertiría en un icono mundial. Snoopy no necesitó hablar ni enfrentarse a un villano: simplemente tuvo un mal día porque alguien regó una flor sin darse cuenta. Esa mezcla de sencillez, humor y ternura explica por qué 'Peanuts' sigue funcionando generación tras generación.
Snoopy cambiaría muchísimo después de aquella primera tira, pero ahí ya había algo fundamental: la capacidad de convertir una pequeña desgracia cotidiana en una escena que puede hacer sonreír a cualquiera. Su legado perdura como uno de los personajes más queridos de la cultura popular.
