Aragón atesora más de 700 castillos, torres y fortalezas repartidos por sus tres provincias. Muchos conservan su arquitectura medieval y se integran en paisajes de montaña, valles y pueblos, lo que los convierte en un destino ideal para los amantes de la historia y el patrimonio. A continuación, una selección de diez enclaves que permiten viajar de norte a sur por la comunidad.
Fortalezas del norte: Huesca
El castillo de Loarre, en el Prepirineo oscense, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar románica de la Edad Media. Sus murallas del siglo XI se conservan íntegras y albergan la iglesia de Santa María, con una rica decoración en sus capiteles. Fue escenario de la película El reino de los cielos, de Ridley Scott, y está considerado uno de los más bonitos del mundo por National Geographic.
En el Cinca Medio se alza el castillo de Monzón, ligado a los caballeros templarios. Además de su función defensiva, tuvo un papel relevante en la repoblación y la economía medieval. Conserva símbolos templarios y leyendas como la de la cueva del ermitaño, que añaden misterio a la visita.
El castillo de Biniés, en la Jacetania, es una construcción del siglo IX mencionada en el Cartulario de San Juan de la Peña. De planta cuadrangular y cuatro torres, destaca por su capilla con frescos del siglo XVI. Tras un incendio en el siglo XX fue restaurado, aunque actualmente solo puede contemplarse desde el exterior por ser de propiedad privada.
Joyas de Zaragoza
El castillo de Mequinenza vigila el mar de Aragón desde lo alto de una colina. Datado en el siglo VIII, fue testigo de la Guerra de Sucesión, la Guerra de Secesión y la Guerra de la Independencia, durante la cual resistió tres ataques napoleónicos. Su resistencia fue reconocida con una inscripción en el Arco del Triunfo de París.
En las Cinco Villas, el castillo de Sádaba es una obra maestra de la ingeniería defensiva del siglo XIII. Su planta rectangular supera los 1.000 metros cuadrados y está rodeado por siete torreones que garantizaban una defensa impenetrable. Sus muros muestran marcas de canteros y influencias cistercienses.
El castillo de Mesones de Isuela, en la comarca del Aranda, es una de las joyas mudéjares más importantes de Aragón. Con 3.000 metros cuadrados, está cercado por murallas y seis torreones cilíndricos. Fue habitado por templarios y por la Casa de Luna, y junto a él se encuentra la ermita de los Ángeles, con una capilla hexagonal y una techumbre de madera considerada obra maestra de la carpintería de lo blanco.
Tesoros de Teruel
El castillo de Peracense se camufla entre rocas rojas gracias a la piedra arenisca local. Situado a 1.365 metros de altitud, domina el valle del Jiloca y la Sierra Menera. Con 4.000 metros cuadrados, fue restaurado en 1987 tras años de abandono y es uno de los castillos más espectaculares de Teruel.
El castillo de Alcañiz, de origen islámico, ha sido palacio, cárcel, cuartel y cementerio antes de convertirse en Parador Nacional. Su torre del homenaje y su capilla conservan pinturas góticas del siglo XIV. Fue declarado Monumento Nacional en 1925.
El castillo de Mora de Rubielos, en la Sierra de Gúdar, es el más grande de Aragón con más de 9.000 metros cuadrados. De estilo gótico-románico, alberga capilla, salones, cocinas, bodegas y mazmorras. En verano acoge representaciones teatrales.
El castillo de Valderrobres, en el Matarraña, es uno de los más antiguos de Aragón. Construido en piedra sillar, conserva estancias como la Sala Capitular, la Cámara Dorada o las caballerizas. Fue declarado Monumento Nacional en 1931 y restaurado en los años 80.
Estos diez castillos son solo una muestra del vasto patrimonio que Aragón ofrece a los visitantes. Desde fortalezas templarias hasta joyas mudéjares, cada uno permite descubrir la historia y el paisaje de la comunidad.
